En estos días hemos oído decir al más alto nivel del gobierno, que detrás de las movilizaciones de la CNTE están “la ultraderecha” y un empresario con el cual no simpatiza la cuarta transformación. Estamos acostumbrados desde el inicio del movimiento obradorista a que toda circunstancia políticamente adversa se atribuya a conspiraciones de fuerzas oscuras. El recurso le fue inmensamente útil a López Obrador toda su carrera, pero quién sabe si le resulte igual a la presidenta Sheinbaum. Da la impresión que una organización política como la CNTE, más bien inclinada a la extrema izquierda anticapitalista, no tomará bien que se le clasifique como extremistas de derecha.
Las conspiraciones son útiles también en tanto que no requieren mayor explicación ni evidencia. Visto que se trata de planes secretos, quien las menciona no tiene obligación de ofrecer detalles. Ahora bien, es muy extraño que si se habla de la CNTE como un instrumento de la ultraderecha y lo peor del país (en la opinión de la izquierda, claro está), al mismo tiempo se le reconozca legitimidad para negociar y se le hagan concesiones gigantescas en términos financieros. Es francamente ilógico el planteamiento de descalificar para luego premiar en lo monetario.
Mientras tanto, los aduladores de la 4T no saben cómo manejar el asunto, pues es un hecho comprobable que la entonces candidata Claudia Sheinbaum ofreció en campaña algunas de las demandas que hoy reclama la CNTE. La realidad termina cobrando facturas, aunque en realidad no será la propia presidenta quien las pague, sino el contribuyente mexicano. Por eso es necesario insistir en las conspiraciones, para atribuir el mal a fuerzas externas ajenas al control y sobre todo, a la responsabilidad del poderoso. La unidad del movimiento político contra las fuerzas oscuras se consolida mediante la retórica.
Me pregunto, sin embargo, hasta dónde alcanzará. Incluso el más crédulo de los simpatizantes empieza a plantearse dudas cuando la realidad no confirma las historias de conspiración. Es evidente que Ricardo Salinas no simpatiza con la CNTE, ni ésta con él. ¿Cómo va a ser creíble que sea él quien financió a este grupo? Lo peor es que dentro de un año o menos, la CNTE estará de regreso y volverá a extorsionar al gobierno y a la población. La teoría de conspiración aporta homogeneidad al relato oficial, pero no redunda en ninguna solución.
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