En menos de 24 horas la presidenta Sheinbaum se desmintió a sí misma: exigió que se investigue y “se llegue hasta lo último sobre un posible fraude electoral en Colombia”.
Mientras, en Bogotá, el candidato de la izquierda, Iván Cepeda, aseguró que “hasta ahora no hemos encontrado evidencia de irregularidades en las votaciones”.
¿Cómo iba eso de que no aceptamos injerencias externas porque nosotros no intervenimos en los asuntos internos de otros países?
Nada más predecible que los reflejos del populismo setentero y antidemocrático de Morena.
La presidenta ha distanciado a México de “los hermanos latinoamericanos”, porque se ha entrometido en sus asuntos internos.
Estamos enemistados con los países que Morena iba a estrechar lazos que, decían, “fueron debilitados por volcarnos hacia América del Norte”: Chile, Argentina, Bolivia, Perú, Paraguay, Ecuador, Venezuela, Honduras, El Salvador, y pronto también estaremos confrontados con Colombia.
Nuestro gobierno ha puesto al país como adversario de Estados Unidos por las razones más innobles, que son la defensa de políticos aliados de los cárteles, y el intervencionismo en el continente.
Lo único impredecible es cómo va a terminar México la aventura populista y totalitaria de la diarquía AMLO-Sheinbaum.
No aprenden de sus errores y llevan al país al desfiladero, en solitario.
López Obrador creyó que podía tomarle el pelo al presidente Biden con el cuento de que aquí no se fabricaba fentanilo.
Como respuesta, el gobierno de Estados Unidos se llevó a Ismael Zambada y a parte de la familia del Chapo Guzmán, que hoy dan información a las autoridades vecinas de los lazos y complicidades del "Cártel de Sinaloa" con Morena.
Ahora la presidenta cree que le puede tomar el pelo a Donald Trump, sin consecuencias, y le dio trato de tonto ayer en la conferencia matutina.
Dijo que no cree que Trump esté en la sintonía del Departamento de Justicia ni de las agencias del gobierno de Estados Unidos, a las que vapuleó en su discurso del domingo.
¿A quién le da atole con el dedo?
Sheinbaum ignora, u olvida, que la política tiene por objetivo dar respuesta a los terrores humanos. En el país vecino era la migración descontrolada y ahora uno de esos terrores es el consumo de drogas letales.
Y aquí el gobierno da protección, de palabra y con hechos, al crimen organizado que tiene entre sus filas a prominentes figuras del partido gobernante.
¿A quién cree que engaña la presidenta Sheinbaum cuando exige a Estados Unidos no interferir en nuestra política interna, porque no interferimos en la suya?
Otra vez afloran los reflejos setenteros de que “los gringos son tontos” porque usan zapatotes, mascan chicles y fuman mota.
López Obrador, presidente de la República, llamó a los mexicanos en Estados Unidos a no votar por los candidatos del Partido Republicano.
Y dispensó, a cambio de apoyo electoral para Morena, protección a los cárteles que multiplicaron el tráfico de drogas a Estados Unidos.
Habrá respuesta a la osadía de tomarles el pelo por las razones más oscuras, ningunear sus terrores y decir que Trump no sabe lo que hace su gobierno.
La desgracia es que las consecuencias no sólo serán para el movimiento obradorista, sino para todo el país
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