“Xi está intentando llevar a China a una nueva posición en la que diga: ‘No somos una potencia emergente. Somos sus iguales. Y Taiwán es mío’”, dijeron cercanos a Trump
“Xi está intentando llevar a China a una nueva posición en la que diga: ‘No somos una potencia emergente. Somos sus iguales. Y Taiwán es mío’”, dijeron cercanos a Trump

La reciente reunión entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el mandatario chino, Xi Jinping, volvió a colocar a Taiwán en el centro de la tensión geopolítica global y evidenció el nuevo equilibrio de poder que busca consolidar Pekín frente a Washington.
Aunque Trump intentó presentar el encuentro como un éxito diplomático —al publicar este sábado en su red social Truth Social casi una decena de fotografías junto a Xi en Pekín—, asesores cercanos al mandatario estadounidense advirtieron al medio Axios que el líder chino está tratando de redefinir la relación bilateral bajo una lógica de igualdad estratégica.
“Xi está intentando llevar a China a una nueva posición en la que diga: ‘No somos una potencia emergente. Somos sus iguales. Y Taiwán es mío’”, señalaron colaboradores del presidente estadounidense.
La declaración refleja el trasfondo del encuentro sostenido la semana pasada en Pekín, donde ambos líderes abordaron durante varias horas la situación de Taiwán, la competencia tecnológica, la seguridad en el Indo-Pacífico y la disputa comercial entre las dos mayores economías del mundo.
De acuerdo con Trump, el tema taiwanés dominó buena parte de las conversaciones. En una entrevista transmitida por Fox News, el republicano aseguró que no está promoviendo la independencia de Taiwán ni pretende llevar a Estados Unidos a un conflicto militar con China.
“No busco que nadie se independice. Y, ¿saben?, ¿se supone que debemos viajar 9 mil 500 millas para librar una guerra? No busco eso”, afirmó.
El presidente estadounidense reconoció además que Xi Jinping mantiene una postura firme respecto a la isla y sugirió que el mandatario chino podría actuar militarmente una vez que él abandone la Casa Blanca.
“Ahora, conmigo, no creo que hagan nada mientras esté aquí. Cuando no esté, creo que sí podrían, para ser honesto”, puntualizó Trump.
Las declaraciones ocurren en un momento de creciente presión militar china sobre Taiwán. En los últimos días, el gobierno taiwanés reportó el sobrevuelo de 26 aeronaves militares chinas cerca de la isla, mientras Washington mantiene su respaldo político y comercial a Taipéi mediante acuerdos económicos y cooperación estratégica.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, intentó reducir las especulaciones sobre un posible cambio de postura de Washington y aseguró que la política estadounidense hacia Taiwán permanece intacta tras la reunión bilateral.
“La política de los Estados Unidos con respecto a la cuestión de Taiwán permanece inalterada al día de hoy, así como tras la reunión que mantuvimos”, declaró Rubio.
Más allá de los mensajes públicos, el encuentro entre Trump y Xi dejó ver un nuevo momento en la relación entre ambas potencias. China busca consolidarse como un actor equivalente a Estados Unidos en la arquitectura global, mientras Washington intenta contener la expansión política, militar y tecnológica de Pekín sin escalar hacia un conflicto directo.
Taiwán se mantiene como el punto más sensible de esa disputa, no sólo por su ubicación estratégica y su industria tecnológica, sino porque representa el principal símbolo del choque entre el proyecto de reunificación impulsado por Xi Jinping y la política estadounidense de contención en Asia.
Analistas internacionales consideran que la reunión también envía una señal al resto del mundo sobre el inicio de una nueva etapa de negociación entre Washington y Pekín, marcada menos por la cooperación y más por el reconocimiento mutuo de sus límites y capacidades estratégicas.
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