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EU atacará a grupos terroristas, incluidos cárteles, aun sin aprobación de los países donde se alojen

El gobierno presentó este miércoles su estrategia de seguridad antiterrorista, priorizando la lucha en el hemisferio occidental

La Casa Blanca colocó oficialmente a los cárteles del narcotráfico en el centro de su nueva arquitectura de seguridad nacional y antiterrorista. En una estrategia difundida este miércoles, el gobierno de Estados Unidos definió como “máxima prioridad” la eliminación de organizaciones criminales transnacionales, advirtió que está dispuesto a actuar incluso sin el consentimiento de otros países y lanzó una amenaza directa contra gobiernos y funcionarios que, a juicio de Washington, protejan o colaboren con estas estructuras.

El documento, publicado por la administración del presidente Donald Trump, equipara a los cárteles con amenazas terroristas globales y sostiene que ya no serán tratados únicamente como redes criminales dedicadas al tráfico de drogas, sino como actores capaces de desestabilizar regiones completas, infiltrar gobiernos y causar “muertes masivas” en territorio estadounidense.

“Ya no permitimos que los cárteles y las bandas que han envenenado a millones de estadounidenses actúen libremente en nuestra región”, señala la estrategia, que acusa a estas organizaciones de introducir drogas, armas y personas víctimas de trata hacia Estados Unidos.

El texto agrega que Washington no permitirá que “los cárteles, los yihadistas ni los gobiernos que los apoyan conspiren contra nuestros ciudadanos con total impunidad”.

La nueva doctrina antiterrorista identifica tres grandes categorías de amenazas: los “narcoterroristas y bandas criminales transnacionales”, los grupos islamistas y los “extremistas de izquierda”, entre ellos organizaciones anarquistas y antifascistas. El documento también incorpora como prioridad la persecución de actores considerados “radicalmente antiestadounidenses” y señala que las drogas ilícitas representan “una amenaza existencial” para el país.

La estrategia marca además un endurecimiento explícito frente a gobiernos extranjeros. Washington afirma que colaborará con las autoridades locales “cuando estén dispuestas y sean capaces de trabajar” con Estados Unidos; sin embargo, advierte que si un país “no puede o no quiere” actuar contra los cárteles, la administración estadounidense tomará “cualquier acción necesaria” para proteger su seguridad nacional, especialmente cuando considere que existe complicidad gubernamental.

La advertencia ocurre en medio de una creciente presión de la Casa Blanca hacia México. Apenas dos días antes, Washington difundió su nueva Estrategia Nacional de Seguridad, en la que exigió resultados “tangibles” en el combate al narcotráfico, incluidas más capturas y extradiciones de líderes criminales, además de acciones contra funcionarios corruptos vinculados con estas redes.

El nuevo documento antiterrorista va más allá y plantea una ofensiva integral para “desmantelar las redes de los cárteles”, bloquear sus mecanismos de financiamiento y atacar sus cadenas de suministro químico y logístico. La estrategia menciona operaciones militares, policiales, financieras y cibernéticas, así como acciones encubiertas para encarecer el respaldo que gobiernos hostiles puedan brindar a organizaciones criminales o grupos islamistas.

Entre las medidas contempladas aparecen sanciones, interceptación de embarcaciones vinculadas a redes ilícitas y operaciones contra el tráfico de precursores químicos utilizados para fabricar fentanilo. El texto sostiene que estas sustancias serán tratadas como una amenaza comparable a “armas de destrucción masiva”, al asegurar que cientos de miles de estadounidenses han muerto por sobredosis.

Sebastian Gorka, responsable de la política antiterrorista de la Casa Blanca, defendió el viraje estratégico al afirmar que los cárteles han provocado más muertes de estadounidenses mediante el tráfico de drogas que los soldados estadounidenses caídos en conflictos armados desde la Segunda Guerra Mundial.

“Ya sea estrangulando sus fondos ilícitos o rastreando sus embarcaciones de droga, no les permitiremos matar a estadounidenses a gran escala”, declaró durante una llamada con periodistas organizada por la Casa Blanca.

Gorka también anticipó que Washington evaluará el compromiso de sus aliados a partir de las acciones concretas que adopten contra estas organizaciones.

“Mediremos su seriedad como socio y aliado por cuánto aporten”, afirmó, al adelantar reuniones con gobiernos extranjeros para reforzar estrategias conjuntas de combate al terrorismo", dijo.

La administración Trump reivindicó además las operaciones desplegadas en el Pacífico y el Caribe contra embarcaciones vinculadas al narcotráfico, asegurando que esas acciones han provocado una caída de 90% en el flujo marítimo de drogas hacia territorio estadounidense.

Con esta estrategia, la Casa Blanca consolida un cambio doctrinal: los cárteles dejan de ser presentados únicamente como estructuras de crimen organizado y pasan a ocupar el mismo plano estratégico que las organizaciones terroristas internacionales, en una narrativa que abre la puerta a operaciones unilaterales y a mayores presiones diplomáticas sobre gobiernos señalados de tolerar o facilitar sus actividades.

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