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La presidenta cambió de opinión en Palenque

Antes de ir a Palenque la presidenta exigió pruebas a Estados Unidos para cumplir con la solicitud de aprehensión del gobernador de Sinaloa y apuntó que no protegería a nadie que haya cometido delitos.

Hasta ahí la respuesta estaba dentro de lo razonable, pero regresó con otra opinión.

No era para menos. Si entrega a Rocha Moya y a sus diez compinches a la justicia estadounidense, el principal líder de Morena será requerido por una corte del vecino país para ser juzgado como facilitador del narcotráfico y del terrorismo.

En su visita a Palenque la presidenta Sheinbaum parece haber comprendido que Rocha Moya no es un “negrito en el arroz” al que podía sacrificar para salvar a su partido, sino que es una pieza del andamiaje de narcopolítica construido por Andrés Manuel López Obrador.

Morena no puede darse el lujo de entregar al gobernador mafioso, aliado del Cártel de Sinaloa, porque con él se caen todas las fichas del dominó delictivo que gobierna buena parte del país.

Hacen mal quienes protestan porque a Rocha Moya lo cuidan miembros del Ejército. Es indispensable que lo hagan, pues no pocos morenistas de altos rangos quisieran callar al gobernador antes de que hable ante la justicia de Estados Unidos.

Rocha Moya sabe demasiado. Su jefe de Policía, el alcalde de Culiacán, el senador Inzunza y el secretario de Finanzas del gobierno estatal, también.

Claudia Sheinbaum regresó de Palenque envuelta en la bandera y con un discurso de presidenta de país asediado por una potencia extranjera, cuando hasta ahora lo único concreto es una solicitud de captura con fines de extradición, por las vías diplomáticas y conforme a los tratados bilaterales en la materia.

La soberanía no se mancilla por algo tan habitual, legal.

Se vulnera cuando se le entrega territorio, instituciones y poder político al crimen organizado, como ocurrió en el sexenio de López Obrador.

Son los cárteles transnacionales los que han atropellado la soberanía de México, y no nuestros vecinos ni ninguna otra potencia extranjera.

Se vulnera la soberanía cuando el gobierno de la República asocia el nombre de México con la defensa de un clan político-criminal.

Lástima que la presidenta haya cambiado de opinión y extienda la bandera nacional para cubrir con ella a las piezas clave del andamiaje de la narcopolítica en el país.

va a ganar tiempo, pero no evitará la caída del entramado que tiene su piedra angular en Palenque.

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