El director Víctor Weinstock dice en entrevista que la dramaturgia parte de hechos "que hemos vivido en este país"
El director Víctor Weinstock dice en entrevista que la dramaturgia parte de hechos "que hemos vivido en este país"

La obra teatral Obra Negra, dirigida por Víctor Weinstock, se presenta como una propuesta escénica que confronta al espectador con la crudeza de la realidad nacional. Lejos de suavizar su contenido, el montaje apuesta por exhibir, con humor ácido y sin concesiones, distintas formas de violencia que atraviesa la sociedad mexicana. “Todo lo que ves en la obra, aunque un poquito concentrado y exagerado, son cosas que yo he atestiguado en nuestro país en las últimas tres décadas”, cuenta a La Aurora el director.
En entrevista, Weinstock explica que la obra funciona como “un espejo roto ante la homofobia, la misoginia, el clasismo, el racismo y toda clase de abusos que hacemos unos a otros en México”. En ese reflejo también aparece la xenofobia y la compleja relación con Estados Unidos, abordada desde un ángulo cercano y cotidiano. El montaje, dice, no pretende señalar culpables individuales, sino mostrar una dinámica colectiva en la que todos, de una u otra forma, participamos.

El detonante creativo del proyecto se encuentra en un episodio ocurrido durante la gestión de Genaro García Luna. “Hubo un hecho que viví muy de cerca… un falso secuestro y luego un incidente con agentes estadounidenses que provocó un problema internacional que desapareció casi de inmediato de la atención pública”, relata Weinstock. Ese contexto, marcado por montajes mediáticos y abusos de poder, dio forma a la estructura de la obra y a su mirada crítica sobre la manipulación de la realidad.
La puesta en escena tiene como sede el Foro Shakespeare, un espacio que el director reconoce como clave para conectar con el público. “Es un lugar que me encanta, por su ubicación, por el trato y por el perfil de la gente que asiste. Es un público preparado para el humor ácido y para que se le ponga un espejo enfrente”, señala. En ese sentido, la obra busca generar conversación más que ofrecer respuestas: “El teatro que a mí me gusta es el que te deja cuestionando, no el que da soluciones falsas”.
Uno de los elementos más relevantes del montaje es la colaboración con jóvenes actores, quienes no solo interpretan a los personajes, sino que también participan en la creación escénica. “Es una generación muy sólida”, afirma el director. “No solamente actúan, también resolvieron la producción, la creatividad… todo”. Para Weinstock, trabajar con ellos permitió traducir la violencia retratada en la obra al lenguaje de la generación Z, con la que asegura tener “una fe infinita”.

Desde la perspectiva del elenco, el proceso no estuvo exento de impacto emocional. Uno de los actores reconoce: “Cuando leí el texto me sentí aterrado por la brutalidad… pero también entendí que eso es lo que está pasando. No podemos maquillar la realidad”. A pesar de la dureza del material, destaca la confianza en el director y en el equipo: “Sabíamos que el proyecto podía salir adelante porque todos estábamos comprometidos con lo que queríamos decir”.
Con una propuesta que incorpora música (que el público reconocerá de inmediato, ya que son clásicos), ironía y momentos que contrastan con la violencia representada, Obra Negra construye una experiencia que incomoda, provoca reflexión y hasta duele. La Aurora estuvo presente en una de las funciones y cada lunes hay una madrina y/o padrino diferente.
“Buscamos que el horror se convierta en una especie de espectáculo, como pasa en la vida real”, explica Weinstock. Así, entre canciones y escenas crudas, la obra se consolida como un acto de resistencia artística que invita al público a mirarse de frente y cuestionar su papel dentro de una realidad que, aunque dolorosa, no puede seguir ignorándose.
Funciones todos los lunes a las 20:30 horas en el Foro Shakespeare, Zamora 7, Condesa.
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