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El PAN chiquito gobierna en Jalisco

Guadalajara, Jal.- Inició como una broma en redes que comenzó a crecer en dimensión y, eventualmente, se convirtió en realidad. Un usuario de la red social X (antes Twitter) preguntó inocentemente si en Jalisco al diminutivo del pan se le llamaba “pancito” o “panecito”. La magia de X surgió entonces: ni uno ni otro, se llama Movimiento Ciudadano.

El chiste se volvió real. Y no como predicción simpsonita, porque mientras a nivel nacional el partido de Dante Delgado se asume como una épica del progresismo, en la tierra del tequila y del mariachi la realidad es diametralmente opuesta.

Bastan dos ejemplos. El primero es la oposición férrea de la bancada naranja en el Congreso de Jalisco para la aplicación de una ley que busca permitir que niñas, niños y adolescentes puedan modificar legalmente su identidad sexo-genérica.

Las y los diputados dijeron no, cobijándose en el discurso de protección integral de las infancias, e impidieron esa modificación a la Ley del Registro Civil pese a que existe una ordenanza de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que se garantice este derecho antes de la mayoría de edad.

Pero luego, el gobernador Pablo Lemus transformó ese rechazo legislativo en una posición política. Su gobierno, dijo, impugnará tantas veces como sea necesaria esa resolución. Incluso se dijo orgulloso de ser denunciado por defender los derechos de las infancias.

Sin embargo, la línea argumental de un falso progresismo en MC Jalisco no se sostiene sólo por esta administración. Viene desde que Enrique Alfaro se acorazó de perfiles cercanos al panismo más conservador como Diego Monraz, Alberto Esquer o Manuel Romo, todos ellos hijos políticos de Emilio González Márquez, el gobernador de la macrolimosna a la Iglesia católica, y quien convirtió Casa Jalisco en una escuela de catecismo.

Y ahora que el espectro político de MC gobierna la Zona Metropolitana de Guadalajara, un yerro más se estrelló en ese partido de dos caras.

Hace una semana, los gobiernos de Guadalajara, Zapopan y el del estado se encontraban entre los patrocinadores del evento Fearless Congress 2026, que se presume como “el congreso de masculinidad más grande de Latinoamérica” y que tiene al actor y activista ultraconservador Eduardo Verástegui (quien en algún momento declaró su simpatía por la filosofía MAGA de Donald Trump) como uno de sus principales rostros.

Por supuesto que el evento puede ser fondeado por las marcas que así lo decidan. Al final del día, son entes privados que pueden usar su dinero para lo que sus intereses convenga, pero cuando un evento, que incluso te genera un descuento si compruebas que perteneces a la Iglesia católica —porque te preguntan tu comunidad, la arquidiócesis a la que perteneces y hasta el nombre de tu superior—, tiene fondos públicos, el principio de laicidad se va al carajo.

Justo por esa razón es que, al hacerse pública esta pifia, los tres entes públicos retiraron su patrocinio. Con argumentos atropellados, claro, pero se vieron obligados a hacerlo.

Y eso, en una ciudad que eligió a una mujer como Verónica Delgadillo para convertirse en alcaldesa, luego de 482 años de la fundación de Guadalajara, es todavía un contrasentido más grave.

Un congreso de masculinidades en la ciudad de la histórica primera alcaldesa electa se estrella como un meteorito en cámara lenta, imposible de ignorar y aún más difícil de justificar. Y, sin embargo, el chiste del pan chiquito y Movimiento Ciudadano es una mofa con la que el partido se encuentra cómodo… y a sus hechos se remite para demostrarlo cada vez que puede.

Porque sí, en Jalisco el partido Movimiento Ciudadano tiene de progresista lo que la Coca Cola de saludable. O lo que un gobierno de apariencias en transformación real.

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