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Misión imposible: la donataria autorizada exprés

Las películas de ciencia ficción como Misión Imposible nos atrapan porque sus protagonistas logran lo impensable sin cometer un solo error. Hace apenas unas semanas, una asociación civil en México logró que varias autoridades mexicanas, sobre todo las recaudatorias, ejecutaran una maniobra que dejaría frío al mismísimo Tom Cruise. Todo comenzó cuando se dio a conocer una asociación civil de ayuda para el pueblo de Cuba, impulsada por el expresidente López Obrador, quien invitó a la ciudadanía a realizar donaciones a una cuenta bancaria de dicha asociación. Hasta ahí no hay mayor problema o tema, lo verdaderamente espectacular reside en los tiempos en que la asociación pudo transitar por todas las taras burocráticas para lograr su cometido, pues esta entidad se constituyó y ya operaba como donataria autorizada en un abrir y cerrar de ojos, algo que en la realidad mexicana se asemeja más a una escena de este tipo de películas que a un trámite ante la autoridad administrativa.

Para que una asociación civil pueda recibir donativos legalmente, primero debe existir formalmente, lo cual implica obtener el permiso de la Secretaría de Economía para su nombre, acudir a la notaría para la protocolización del acta e inscribirse en el Registro Público de la Propiedad y el Comercio. Solo este tramo del camino suele consumir varias semanas, pero es apenas el principio.

Una vez que se ha completado este tramo hay que acudir al SAT, mediante cita, en la cual sólo se puede desahogar un trámite a la vez. Primero debe obtenerse la inscripción al Registro Federal de Causantes. Una vez que se obtiene la Constancia de Situación Fiscal, hay que obtener la firma electrónica, para lo cual es indispensable acreditar el domicilio fiscal. Aquí es donde el tiempo suele detenerse para el común de los mortales, pues para obtener la firma electrónica se requiere presentar el primer recibo de un servicio como teléfono, televisión o internet, lo que obliga a contratar alguno de ellos y esperar al menos un ciclo de facturación para tener la factura física en mano, pues el contrato por sí solo no es suficiente. Sin este comprobante de domicilio, no hay e.firma, y sin ésta no hay cuenta bancaria.

Es importante señalar que aquí no estamos siquiera cuestionando la parte más escabrosa y tardada del trámite que es obtener la calidad de donataria autorizada que puede llevar meses para asociaciones que tienen tiempo operando perfectamente en regla; así, si le sumáramos ese detalle, el tema ahora sí se convierte en misión imposible.

Sin embargo, esta asociación logró completar el circuito completo en tiempo record. Ver esta celeridad excepcional no hace sino generar suspicacias, pues no parece el inicio de una nueva era de eficiencia para el ciudadano común, sino la confirmación de que las autoridades sólo son ágiles cuando hay una instrucción superior de por medio. Si el sistema tiene la capacidad técnica de procesar registros y autorizaciones con esta velocidad, el hecho de que el resto de los mortales debamos padecer largos tiempos de espera, no es una limitación del sistema, sino una decisión política. Así, mientras esta asociación obtuvo todas las facilidades, hay quienes siguen atrapados en la fila del SAT, angustiados de que cumplan con todos y cada uno de los requisitos para no ser rechazados.

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