Si Donald Trump no da la orden de desembarco en Venezuela y sacar a Maduro del poder, será una derrota irreversible para su prestigio político.
Tiene desplegados 15 mil soldados y mandos militares frente a Venezuela, así como el principal portaaviones de Estados Unidos, el Gerald Ford.
Dar media vuelta porque Xi Jinpig expresó su respaldo a Maduro, sería una vergüenza para las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.
Pero si los marines entran a Venezuela, tal vez se crearía una situación de anarquía indeseable para los propósitos de Trump.
No porque Maduro vaya a oponer una resistencia numantina, pues sus baladronadas son similares a las de Sadam Husein cuando las fuerzas aliadas que encabezó Estados Unidos anunciaron que iban a entrar Irak para sacar al sátrapa.
¿Recuerdan cuando la Royal Air Force, británica, lanzó los primeros bombazos a los blindados del Batallón Medina del ejército iraquí?
Los soldados, con toda razón, dejaron los tanques tirados y corrieron a salvar sus vidas pues no iban a combatir en defensa de un dictador. Y Sadam se fue a esconder en un hoyo lejos de Bagdad.
¿Recuerdan cuando Maduro daba un discurso en el Congreso y sonó una explosión en el sistema eléctrico? La guardia bolivariana se dispersó apanicada al oír el tronido.
Por ahí no es el riesgo que correrán Estados Unidos y los venezolanos.
El punto es que las instituciones de ese país están deshechas y los mandos civiles y militares fueron ocupados por el complejo político-criminal que detenta el poder en Venezuela.
Como lo señala un minucioso informe del centro de estudios InSight Crime, citado por Bret Stephens en The New York Times, la principal función del presidente Maduro y quienes le acompañan en el gobierno es garantizar que el sistema de narcotráfico funcione en beneficio del régimen.
En los cargos estratégicos clave, nombraron a personas funcionales a ese complejo político-militar-criminal. Aduanas, puertos y los gobernadores en estados fronterizos con Colombia.
No es fácil que un país retome su marcha ahí donde pasó el populismo aliado, o fundido, con los grupos criminales.
¿Qué va a hacer Trump?
¿Dejar un ejército de ocupación en Venezuela?
¿Regresar con sus 15 mil marines y el Gerald Ford a la base naval de Norfolk sin más victoria que hundir unas cuantas lanchas que quién sabe si llevaban droga?
“No al intervencionismo y que los venezolanos resuelvan sus problemas a través del diálogo”, se dice en estos casos.
Pero resulta que ya dialogaron, se celebraron elecciones y los venezolanos resolvieron que se fuera Maduro del poder.
Y no se fue.
Sigue gobernando, en contra de la voluntad de los venezolanos, sostenido en el aparato político-criminal que los cárteles del narcotráfico, altos mandos del ejército y el partido de Maduro construyeron.
¿Asunto de los venezolanos?
Ocho millones de ellos salieron de su país y saturan los deteriorados servicios de salud, seguridad pública y el mercado de trabajo en naciones cercanas.
¿Trump quiere apropiarse de las riquezas naturales de Venezuela?
Ya se las ofreció Maduro, con el oro incluido, y sorprendentemente Donald Trump rechazó la propuesta.
Son días decisivos para el país de Bolívar y Andrés Bello. El de la nobel de la paz María Corina Machado, que vive escondida en su propia patria.
Venezuela en su laberinto. Y Trump también, porque ya cruzó el Rubicón.