Las elecciones de 2021 en Michoacán, Colima, Nayarit, Sinaloa, Sonora, Baja California y Tamaulipas fueron legales pero ilegítimas por la participación del crimen organizado a favor de los candidatos de Morena.
La elección presidencial de 2024 fue legal pero ilegítima por el recurrente involucramiento de López Obrador apoyando a la candidata de Morena y calumniando a la candidata opositora, y por la campaña anticipada de Sheinbaum en la que se erogaron cientos o miles de millones de pesos de origen desconocido.
La elección de jueces del nuevo Poder Judicial celebrada en 2025 fue legal pero ilegítima por la presencia de decenas de miles de acordeones financiados con dinero turbio.
Ese es el sello distintivo electoral de Morena. Elecciones legales pero ilegítimas.
La reforma electoral que ahora impulsa Sheinbaum tiene esa característica, la ilegitimidad de origen. A diferencia de las reformas electorales del pasado (1977, 1989-90, 1993, 1994, 1996, 2007 y 2014) ahora no se tomó en cuenta a la oposición. Será aprobada por una Cámara de Diputados que detenta una sobrerrepresentación ilegítima y, en este caso, ilegal. Será aprobada por una Cámara de Senadores en la que Morena obtuvo su mayoría con chantajes y sobornos. Logrará la aprobación con el voto de Congresos locales elegidos con ayuda del crimen organizado. Todo legal. Todo manchado por la ilegitimidad.
Y si se levantan protestas y denuncias, el nuevo Poder Judicial está ahí para fallar a favor del gobierno, validando todas las aberraciones que le presenten.
Y si las elecciones resultantes de esta reforma electoral ilegítima salen mal, si la sociedad sale a la calle a protestar, la presidenta mandará colocar altas planchas de fierro para blindar Palacio Nacional, una multitud de vallas para impedir el acceso al Zócalo, miles de granaderos dispuestos a golpear y a arrestar a quien proteste.
La Guardia Nacional no ha servido para frenar la violencia que se respira en el país pero seguro funcionará bien para reprimir si las pasiones se desatan a causa de una reforma electoral legal e ilegítima.
La reforma electoral presentada por Sheinbaum es una reforma regresiva y antidemocrática. Nos regresa al México anterior a 1963 en el que el PRI detentaba la absoluta mayoría en las cámaras y las gobernaturas. Representa sin duda una traición al espíritu democrático que Sheinbaum dice representar.
Quizá lo más grave de la contrarreforma electoral es que desaparece el cuerpo civil de carrera del INE, que hará posible que el crimen organizado se infiltre en las estructuras del instituto electoral.
A pesar de las evidencias de la presencia de los cárteles del narcotráfico en las elecciones (en la compra de votos, en la amenaza y asesinato de los candidatos opositores, con la presencia de candidatos impuestos por los mismos cárteles) la reforma electoral no presenta ninguna solución frente a este gravísimo problema. Una disposición, por ejemplo, que anule el registro de aquel partido que se demuestre tenga presencia de los grupos criminales.
Morena tiene toda la fuerza institucional para imponer esta reforma electoral por la buena o por la mala. Cuenta con todo el aparato judicial para hacerla parecer legal. Pero será ilegítima de origen. Esta ilegitimidad corroerá por dentro a Morena. Lenta pero inexorablemente.
