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Un discurso para los empresarios mexicanos

Muy elogiado fue el discurso del premier canadiense, Mark Carney, en Davos, dirigido al mundo. Traducido a México parece un saco a la medida de los grandes empresarios.

Paren de aplaudir lo que está mal… para quedar bien.

Son ellos, los empresarios mexicanos y no Donald Trump, los que pueden poner en jaque al régimen adversario de la libertad, la democracia y la propiedad.

Han optado por acomodarse.

“Existe una fuerte tendencia de los países a adaptarse para encajar. A acomodarse. A evitar problemas. A esperar que el acatamiento compre seguridad”, dijo Carney ante la crema y nata del poder económico y político mundial.

A un grupo de empresarios le ha ido muy bien en los siete años de Morena, pero su acomodo con el régimen ha sido a expensas de tolerar la destrucción de aquello que los defiende.

Tribunales independientes, Suprema Corte con ministros comprometidos con la legalidad. El amparo como instrumento jurídico protector ante los abusos del poder político. Esos pilares de la libertad ya no existen.

Dejaron pasar el golpe al Estado de derecho, al entregarse el Poder Judicial al partido gobernante.

Grandes empresarios se acomodan mediante la complicidad.

Sí, hacen negocios con esa casta de emires del Golfo que surgió en el mandato de López Obrador.

Mark Carney recordó en Davos un ensayo del poeta y expresidente checo Vaclav Havel, titulado El poder de los sin poder:

“En él planteó una pregunta sencilla: ¿cómo se sostenía el sistema comunista? Su respuesta empezaba con un verdulero. Cada mañana, este tendero coloca un letrero en su escaparate: ¡Proletarios de todos los países, uníos! No lo cree. Nadie lo cree. Pero lo coloca de todos modos: para evitar problemas, para señalar conformidad, para llevarse bien. Y como cada tendero en cada calle hace lo mismo, el sistema persiste”.

Eso sucede con nuestra élite empresarial. Sostienen a un régimen que destruye a México.

Simulan no ver, minimizan la fusión del poder político y el poder criminal que carcome a una buena parte de los estados.

Aplauden al gobierno cuando habla de “crecimiento económico con justicia social”. Pero ellos saben que es ficción: no hay crecimiento.

Saben que aplauden una mentira.

Nada dicen del estrangulamiento económico que practica el gobierno contra los medios de comunicación.

Sólo la prensa libre podrá alzar la voz contra el atropello a la propiedad privada.

Pero los empresarios prefieren canalizar su publicidad a los medios que son caja de resonancia de las mentiras y la realidad alterna inventada por un gobierno sin resultados y con ideología antagónica a los principios fundacionales del empresariado mexicano.

Así se evitan problemas y quedan bien con el presidente y la presidenta.

Dicen los grandes empresarios, en los eventos públicos donde hablan, que “vamos bien”.

Así avalan, por ejemplo, que Pemex se trague billones de pesos en pérdidas y subsidios, cuando puede ser un colaborador importante de las finanzas públicas, y no al revés.

Compran boletos para “la rifa del avión” que serviría para “comprar medicinas”.

Dejan pasar, como si no fuera también asunto suyo, la inoculación del odio de clases en los niños de primaria.

Se muestran indiferentes a que la educación pública haya quedado en manos de un hatajo de gánsteres.

En el presupuesto de este año se destinan más recursos al reparto de dinero en cash a los estudiantes, que a toda la educación superior en el país.

El gobierno que aplauden invierte más en repartir pescado que en enseñar a pescar.

¿Cuál va a ser el impacto de ese atraco populista en las empresas?

Jóvenes con escasa o nula preparación difícilmente podrán ocupar empleos que requieren especialización, habilidades intelectuales, iniciativa.

“El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera cierto”, expuso Carney.

Cuando el empresariado pare de aplaudir la mentira y asuma su papel de defensor de las libertades, el régimen de ineficacia y populismo va a cambiar. O a terminar su ciclo.

Pero mientras sigan en la fila del besamanos al morenismo gobernante, sabiendo que vamos mal, no habrá corrección sin trauma.