Si Carney “cree que va a convertir a Canadá en un ‘puerto de descarga’ para que China envíe bienes y productos a Estados Unidos, está muy equivocado”, escribió en su red Truth Social
Si Carney “cree que va a convertir a Canadá en un ‘puerto de descarga’ para que China envíe bienes y productos a Estados Unidos, está muy equivocado”, escribió en su red Truth Social

Donald Trump lanzó una nueva amenaza contra Canadá: imponer “aranceles del 100%” a los productos canadienses si es que insiste en concretar un acuerdo comercial con China. Esto luego de que Canadá y China anunciaran haber llegado a un acuerdo preliminar.
La relación bilateral más estable del hemisferio occidental ha entrado en una fase de "terapia de choque". Lo que comenzó hace un año con la retórica de la anexión —la polémica idea de Donald Trump de asimilar a Canadá como el "estado 51"— ha escalado este sábado a una amenaza existencial para la economía de Ottawa: un arancel del 100%.
El detonante de esta crisis es el audaz giro estratégico de Mark Carney hacia Pekín. Al intentar diversificar una economía donde el 75% de las exportaciones dependen históricamente de su vecino del sur, el Primer Ministro canadiense ha tocado el nervio más sensible de la doctrina America First en este segundo mandato de Trump.
Para la Casa Blanca, el acuerdo preliminar anunciado la semana pasada entre Carney y el gobierno chino no es una simple diversificación comercial, sino un "caballo de Troya". La advertencia lanzada hoy en Truth Social es quirúrgica: si Canadá abre la puerta a los productos chinos, Estados Unidos cerrará la frontera con un muro arancelario. "Si Carney cree que va a convertir a Canadá en un 'puerto de descarga' para China, está muy equivocado", sentenció el mandatario estadounidense su red Truth Social.
Este choque no es un evento aislado, sino el clímax de una semana de alta tensión que inició en el Foro Económico Mundial de Davos. Allí, Carney fue ovacionado por diagnosticar una "ruptura" en el orden global liderado por EE. UU., un comentario que Trump interpretó como un ataque personal. La represalia fue inmediata: la revocación de la invitación de Carney al "Consejo de la Paz" y el recordatorio humillante de que "Canadá existe gracias a Estados Unidos".
Sin embargo, el tono de Carney ha cambiado. Su reciente discurso televisado, afirmando que "Canadá prospera porque somos canadienses", marca un distanciamiento ideológico sin precedentes. A diferencia de la era de Justin Trudeau, marcada por roces diplomáticos, Carney parece estar apostando por una soberanía económica que desafía la geografía.
A pesar de la retórica de independencia de Ottawa, el realismo económico favorece a Washington. Canadá envía el 75% de sus bienes a Estados Unidos, mientras que China apenas recibe el 5%. Un arancel del 100% no sería una medida regulatoria, sino un embargo de facto que desmantelaría las cadenas de suministro integradas durante décadas bajo el espíritu del T-MEC.
En 2026, la frontera terrestre más larga del mundo ya no se define por la cooperación, sino por la fricción. La apuesta de Carney por China busca un futuro multipolar, pero el precio de esa libertad podría ser la quiebra técnica de la industria canadiense ante un Trump que no acepta socios, sino subordinados.
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