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Si cae la prensa -digo, es un decir-

El último bastión. A más tardar el último día de abril, en que concluirá el próximo periodo ordinario de sesiones del Congreso, probablemente habrán caído los últimos bastiones institucionales de la República, para instaurar una autocracia de hecho y de derecho. Quedará, así, sólo un (vapuleado) bastión -civil- para el ejercicio de las libertades democráticas: la prensa independiente. Así lo dejan ver los anuncios y los trascendidos sobre la destrucción de los reductos finales para la competencia electoral que -presumiblemente- se propone perpetrar el régimen con sus espurias supermayorías en las cámaras.

Partido oficial prácticamente único. Todo parece dispuesto para que las contrarreformas en curso estén promulgadas antes de junio, a fin de cumplir con el plazo de un año previo a ser aplicadas en las elecciones de 2027. Controlados los procesos, las urnas, la supervisión y los conteos por una dependencia directa del Ejecutivo, y todavía más averiada -o perdida- la proporcionalidad de la representación las oposiciones, entre otros aportes contra la equidad en las contiendas, el partido oficial puede aparecer el año próximo como prácticamente único, como alertó anteayer La Aurora de México.

Es un decir. Si también cae la prensa independiente, abrumada por siete años de guerra reputacional desde Palacio y por el uso de recursos coercitivos (incriminaciones y procesos judiciales, excusas de género y próximamente de ‘derecho de las audiencias’) la vida pública podría volverse irrespirable. El poemario España, aparta de mi este cáliz fue publicado en enero de 1939, muerto ya su autor, el peruano César Vallejo. Se vivía el principio del fin de la guerra civil de ese país y se vislumbraba la inminente caída de la República. De esta manera, la formulación condicional del verso de Vallejo: “Si cae España -digo, es un decir-” se había vuelto ya, en realidad, una dolorosa certeza.