Morena, como partido dominante es parte de un patrón de colusión entre poder político y crimen organizado, escribe Mary Bet Sheridan sobre la presidenta
Morena, como partido dominante es parte de un patrón de colusión entre poder político y crimen organizado, escribe Mary Bet Sheridan sobre la presidenta

La principal preocupación de la presidenta Claudia Sheinbaum no serían los cárteles del narcotráfico en sí, sino las estructuras políticas que les permiten operar desde dentro del Estado, advierte la periodista Mary Beth Sheridan en su columna “No son los cárteles los que preocupan a Claudia Sheinbaum”, publicada este jueves en The New York Times.
En el texto, Sheridan subraya que, pese a que el gobierno federal ha insistido en su compromiso con la política de “impunidad cero”, evita referirse abiertamente a los vínculos entre actores políticos y organizaciones criminales.
“Si bien el gobierno de Sheinbaum ha insistido en su compromiso con la ‘impunidad cero’, habla poco sobre las estructuras políticas que asisten a las organizaciones criminales”, escribe la columnista.
De acuerdo con su análisis, ese silencio podría tener un trasfondo estratégico. “Esto podría reflejar no solo sus preocupaciones políticas personales, sino también su conciencia de la rapidez con la que podría estallar el caos en gran parte del país”, señala Sheridan, al advertir que el desmantelamiento de redes de protección oficial ha derivado históricamente en estallidos de violencia.
La periodista, especializada en Latinoamérica, contextualiza esta cautela en medio de la presión del presidente estadounidense Donald Trump, quien ha insistido en desplegar fuerzas militares en territorio mexicano para “eliminar a los cárteles”. Trump, recuerda Sheridan, ha afirmado públicamente que Sheinbaum “le tiene mucho miedo a los cárteles” y que “ella no gobierna México. Los cárteles gobiernan México”.
Sin embargo, la columnista cuestiona esa narrativa y plantea que el problema es más profundo: “El problema no es simplemente que los grupos narcotraficantes ataquen al Estado. Es que a menudo forman parte de él”.
En ese sentido, apunta que Morena, como partido dominante, no es una excepción histórica, sino parte de un patrón de colusión entre poder político y crimen organizado que se remonta a más de un siglo.
Sheridan recuerda que, bajo el antiguo sistema de partido único, “los gobiernos locales y estatales protegían rutinariamente a sus delincuentes favoritos y encarcelaban a narcotraficantes rivales a cambio de dinero”, una práctica que, sostiene, no desapareció con la transición democrática ni con la llamada guerra contra las drogas iniciada en 2006.
La columnista también subraya los riesgos políticos internos para la presidenta. En su texto afirma que actuar con mayor firmeza contra políticos corruptos podría enfrentar a Sheinbaum con miembros de su propia coalición, en un contexto en el que Morena se encuentra dividido en facciones leales a ella y al expresidente Andrés Manuel López Obrador.
“Con la supervivencia política de Sheinbaum en juego, es improbable que libre la guerra total que exige Trump”, escribe.
Aunque Sheridan reconoce que el actual gobierno ha endurecido algunas acciones —como el despliegue de tropas en la frontera, el traslado de 92 presuntos líderes criminales a Estados Unidos y miles de detenciones—, advierte que ese impulso tiene límites claros.
“La destrucción de las redes de protección oficial mediante la eliminación de políticos y policías corruptos ha provocado a menudo estallidos de sangre”, señala, al explicar que los grupos criminales suelen aprovechar los vacíos de poder para atacar a nuevos competidores.
En un país marcado por “cientos de miles de muertos o desaparecidos en dos décadas de guerra contra las drogas”, la columnista apunta que la sociedad mexicana difícilmente respaldaría una nueva escalada de violencia.
Por ello, concluye que la presidenta podría no temer personalmente a los cárteles, pero sí a “enfrentarse a un sistema de colusión con el crimen organizado” que sostiene equilibrios políticos frágiles.
La columna cierra con una advertencia: con Trump presionando desde el exterior y un partido dividido en el interior, Sheinbaum podría quedar atrapada “entre una superpotencia que exige una cruzada y una maquinaria política que sobrevive gracias al statu quo”.
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