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¿Qué podemos hacer?

Nosotros –los ciudadanos- ¿qué podemos hacer? Los que no tenemos vocación partidista ¿cómo podemos actuar? Lo que no podemos hacer es quedarnos cruzados de brazos, mientras Morena en el poder día a día degrada la vida pública.

En 1986 le hicieron fraude al PAN en las elecciones de Chihuahua. Don Luis H. Álvarez hizo una huelga de hambre de 42 días en el Parque Lerdo. Antes de eso emprendió, desde Chihuahua, una marcha que llegó hasta Querétaro. Tomaron carreteras. Bloquearon el paso fronterizo. Convocaron a los intelectuales de la Ciudad de México a sumarse a su causa. La nacionalización de la banca en 1982 había empujado a los empresarios del norte y del bajío a integrarse al PAN para, desde esa trinchera partidista, oponerse al gobierno, a su política autoritaria y a los fraudes del PRI. Tres lustros después, en el año 2000, los panistas alcanzaron la Presidencia impulsados por la voluntad empresarial y ciudadana.              

En 1988 a la izquierda le hicieron fraude. Cuauhtémoc Cárdenas optó por la creación de un partido que unificaría a las izquierdas y a la disidencia del PRI. Hacia finales de ese año López Obrador dejó finalmente al PRI y se incorporó al naciente PRD. No cabe duda, pese a lo negativo que a muchos nos pueda parecer este personaje, de que aportó a la izquierda una vena de protesta civil (marchas, plantones) que dinamizó sus tradicionales y cansinas manifestaciones. Tres décadas después, en 2018, la izquierda conquistaría la Presidencia de la República.

Estos dos casos arrojan lecciones muy claras. Para llegar al poder se tiene que conjuntar la movilización social y el trabajo partidista, la calle y la urna, la protesta civil y el trabajo institucional. Las necesarias actividades de movilización y protesta no las están llevando a cabo ni el PAN, ni el PRI, y si no las activa Somos México (todavía pendiente de registro) su presencia será sólo testimonial.

El PAN obtuvo una derrota monumental no sólo por las ilegales y continuas intervenciones de López Obrador a favor de la candidata oficial y en contra de la candidata opositora, una parte importante de su derrota se debió a la enorme miopía de la dirigencia panista que no supo canalizar el impulso de la llamada “Marea rosa”; no aprovechó la enorme ola social que ésta había movilizado, desdeñó la calle.

Vuelvo al punto de partida: nosotros (los ciudadanos, ajenos a los partidos), ¿qué podemos hacer? Existen muchísimas formas de protesta civil, hay una abundante bibliografía al respecto, mucho conocimiento acumulado. Se puede aprovechar la experiencia real de diversos activistas para detener la imposición de la autocracia. Cito algunos: el clásico, Desobediencia civil, de Henry Thoreau; El arte de la protesta, de T.V. Reed; La red de la libertad, de Jesús Toro; La lógica estratégica del conflicto no violento, de Erika Chenoweth; Poderosa protesta, de Ash Navarro. Todos accesibles en Amazon.

Podemos organizarnos en células de acción ciudadana. Podemos ingresar a los partidos para desde dentro intentar sacudir su modorra. Podemos bloquear avenidas, tomar edificios, hacer plantones, dejar de pagar impuestos, movilizaciones y huelgas, como lo hicieron la izquierda y la derecha para llegar al poder, como lo hizo Javier Sicilia en su movimiento por la paz, con justicia y dignidad, para tratar de detener el baño de sangre cotidiano.

De lo que se trata, ahora, es de frenar la dictadura que se asoma. De lo que se trata, en suma, es de no quedarnos cruzados de brazos. De lo que se trata, en fin, es de dejar atrás la pregunta ¿qué podemos hacer?, arremangarnos la camisa y ponernos a trabajar.

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