Presidenta, tiene dos opciones, las dos son malas para usted: o rompe con Trump o rompe con López Obrador. O cumple los tratados que ha firmado México o cumple con su partido y su padrino. Llegó la hora de definirse.
Estados Unidos no le pide que le envíe al gobernador Rocha Moya para encarcelarlo sino para juzgarlo, como juzgaron a García Luna en un juicio que usted tantas veces festejó. Curiosamente ambos acusados de lo mismo: complicidad con el Cártel de Sinaloa. No puede ser que en un caso celebre el cumplimiento de la ley y en otro pretenda ignorarla.
Afirma que no le presentaron pruebas, pero usted bien sabe que el tratado firmado por México y Estados Unidos exime al que solicita la extradición de presentar pruebas hasta por 60 días, una vez detenidas las personas. Usted lo sabe porque se lo explicaron, aunque en su conferencia fingió saber que lo ignoraba. Usted no puede desconocer el tratado de extradición sin pagar las consecuencias. Las repercusiones para el país y para usted serían muy graves. Al escudarse detrás de la soberanía usted está jugando con fuego.
La otra solución, la de entregar a Rocha Moya (y a los otros nueve acusados) y con ello romper con López Obrador, no es una solución sencilla. Él conserva el control sobre todos los diputados y senadores de Morena, sobre un número muy grande de jueces, sobre el partido y varios miembros de su gabinete. En gran medida él conserva el poder sobre usted. Romper con su padrino podría dar comienzo a una rebelión interna, al proceso de revocación y al fin de su mandato.
Por otro lado, desconocer el tratado de extradición puede tener consecuencias inmediatas sobre las negociaciones del T-MEC. Si México incumple los tratados, ¿qué caso tiene firmar el tratado comercial? Sin tratado, las inversiones nacionales y extranjeras se detendrían por competo, muchas empresas saldrían del país, el empresariado rompería con su gobierno ante la falta de garantías. Del bajísimo crecimiento pasaríamos al decrecimiento y a la recesión, a la falta de recursos para cumplir los programas sociales, a las protestas que ello acarrearía. Tampoco puede descartarse que, ante su negativa a cumplir el tratado de extradición, el gobierno de Trump (que ante el fracaso en Irán necesita un trofeo con vistas a las elecciones de noviembre) decida usar la fuerza y llevarse al gobernador como lo hicieron con El Mayo Zambada y con Nicolás Maduro. La semana pasada, el Senado otorgó el permiso a 96 marines y Navy Seals para ingresar a México con su armamento y equipo, con el pretexto de capacitar a nuestro Ejército. Pueden hacerlo porque de lo que se acusa al gobernador es de narcotráfico, esto es, de terrorismo.
No existe una salida fácil para el problema que enfrenta. Usted no es la empleada de López Obrador. No debe ser protectora de narcotraficantes. Debe usted ponerse del lado de la ley. Debe usted romper el pacto entre los políticos de Morena y los cárteles del narcotráfico.
No debe perder de vista, presidenta, que esto apenas comienza. Mañana pueden pedir la extradición del gobernador de Tamaulipas. O de Sonora. O de Baja California. Pueden solicitar la extradición de López Obrador, como cabeza del Cártel de Palenque.
Fue López Obrador el que permitió durante su sexenio el funcionamiento de más de mil 800 laboratorios de fentanilo que provocaron la muerte por sobredosis de más de 200 mil norteamericanos. ¿Usted cree que ya olvidaron eso? ¿Usted de verdad piensa que podrá salvarse escondiéndose detrás de la soberanía?
En estos momentos López Obrador debe estar pensando en salir de su encierro, en convocar una megaconcentración en el Zócalo, en poder gritar y manipular de nuevo a sus fieles. Lo advirtió Julio Scherer en su libro: nada haría más feliz a López Obrador que una intervención norteamericana en México, que le daría oportunidad de vestirse de mártir. Nicolás Maduro también pensó que el pueblo lo protegería, y ahora se pudre en una cárcel norteamericana. ¡No ate su destino al de López Obrador! Tiene más posibilidades de sobrevivir políticamente si rompe con su mentor que con Donald Trump. Piénselo.
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