Para Alfredo Asali, quien cantó
“Here Comes the Flood” con PG, en primera fila
Vi a Peter Gabriel, en vivo, en septiembre de 1993, en el entonces todavía orgulloso Distrito Federal, en el Palacio de Los Deportes, durante la gira del álbum Us. Fue, en muchos sentidos, una experiencia religiosa.
Peter vino con toda su banda: David Rhodes, en la guitarra; Manú Katché, en la batería y percusiones; Tony Levin, en el bajo; David Sancious, en los teclados, ademas de otros talentosos músicos que tocaron distintos instrumentos, como Shankar, en el violín eléctrico, y Sinéad O'Connor, en los coros.
A propósito de la escucha, escribiré sobre los tres cortes más largos en Us. Y avanzaré en reversa, del último al primero.
Se sabe que mucho del contenido de este álbum fue desarrollado por Gabriel durante varias sesiones de psicoterapia, para tratar una depresión que había bloqueado su proceso creativo, pues él mismo reprimía sus propios sentimientos (y de ese reconocimiento surge, por ejemplo, “Love to Be Loved”).
Voy ahora a la pieza con la que cerró el set principal del concierto: “Secret World”, último corte de Us. ¿De qué nos habla Peter en esa canción? Se sabe que la escribe para elaborar aspectos de sus rupturas con Jill, su primera esposa, y también con la actriz Rosanna Arquette, con quien mantuvo una tortuosa relación de varios años. Durante la canción, Peter nos invita a reconocer ese lugar del silencio donde guardamos lo más íntimo de nosotros en una especie de mundo secreto —cosas que no compartimos, un mundo condenado al fracaso.
«All the places we were hiding love
What was it we were thinking of?»
La palabra clave es “hiding” (escondiendo), pues es justo la que corresponde al mundo secreto. Es una cosa triste verificar la ruptura de parejas por ese infantil juego de hide’n’seek, en el que lo que se echa en falta es el diálogo. El “puente” de la canción, armado alrededor de la grandiosa interpretación del bajo, por Tony Levin, refleja cómo ese juego se desmorona y deja a Gabriel sin respuestas. Quizá es por eso que, al final, a quien lo escucha, Peter recomienda un simple: “Shh, listen…”
El siguiente corte, “Blood of Eden”, es la reflexión de Peter acerca de lo que él considera, por experiencia propia, la naturaleza real de la relación en pareja y advierte que no se trata de un asunto pacífico, si no que implica violencia, sangre:
«In the blood of Eden
Lie the woman and the man
With the man in the woman
And the woman in the man…»
Todos los que hemos estado en relaciones de pareja le agradeceremos siempre esta honestidad a Gabriel, porque el amor (más allá de las idealizaciones mercadotécnicas del Día de San Valentín, es en realidad una guerra, y el enfrentamiento es a muerte pues, por lo regular, sólo uno sobrevive.
Mi último apunte será acerca del primer corte del álbum: “Come Talk to Me”. Con letras compuestas a propósito de la crisis de comunicación con su hija Melanie (luego de que Gabriel se divorciara de su primera esposa), el origen musical de este corte son varios esquemas rítmicos originales del senegalés Doudou N'Diaye Rose —quizá el mejor percusionista de la historia, hay que mirar en YouTube el documental de Eric Serra—, fragmentos que Gabriel aisló y colocó en orden ascendente en cuanto a su complejidad, su intensidad y los decibeles.
Desarma todo argumento el escuchar a Peter cuando, a su hija, le canta:
«Oh please talk to me
Won't you please talk to me
We can unlock this misery
Come on, come talk to me
I did not come to steal
This all is so unreal
Can't you show me how you feel?
Now come on, come talk to me…»
Lo que me lleva a la idea que he tratado de exponer en este texto: nuestra necesidad de escuchar las palabras de otro, la urgencia que hoy tenemos para hablar sobre nuestros conflictos con verdad, para resolverlos, sean estos entre individuos, comunidades o naciones.
Uno de los compositores más admirados por Peter es John Lennon. Nadie fue tan brutalmente honesto como él, declaró alguna vez Gabriel, y puso como ejemplo “Jealous Guy” (del disco Imagine, 1971). Esa misma honestidad brutal, en Us la colocó hasta el frente y así nos confiesa: esto soy.
La escucha suele exigir esos momentos de brutal honestidad.
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