Fiera herida. Nada tan peligroso como una fiera herida. O un ególatra con el ego rasgado. Incluso en espacios periodísticos cercanos a Palacio dan por hecho que Trump avanza en sus planes de enviar incursiones militares a suelo mexicano. Más ahora que regresó con las manos vacías de Davos. Rechazadas por Europa sus pretensiones de anexión de Groenlandia, y obligado a comprometerse a no recurrir a la fuerza para alcanzar ese propósito, parecería necesitado de recomponer figura y reafirmar su dominio sobre el continente, esta vez a costa del vecino colindante al sur de sus fronteras.
El patio delantero y el patio trasero. Para Trump, el cada día más celebrado pronunciamiento en Davos del primer ministro canadiense, Mark Corney, fue una especie de rebelión en su patio delantero que, según el estadounidense, le debe su existencia a EU y no se lo agradece. El detalle está en la obediencia en su patio trasero, para decirlo exhumando una ofensiva expresión superada más medio siglo atrás en referencia a México y Centro y Suramérica. Para ejemplificarlo en sus sórdidos códigos de macho alfa, una vez derrotado en el Foro de Davos -y rasguñada su autoimagen de dueño de un hemisferio, en su perspectiva, compuesto por malagradecidos países tributarios- Trump estaría ahora cerca de actuar como un supuesto jefe de familia vapuleado fuera de casa, a la que regresa insultando y despojando y pateando lo que encuentra en su camino.
Lección de soberanía. Carney puntualizó lo que “no es soberanía”. Agregaría aquí la generación de condiciones nacionales de rendición, en el ocaso del régimen mexicano, ante la “presión territorial” estadounidense. Todo con tal de no ceder ante el reclamo -interno y externo- de sacudirse la influencia del pasado reciente en la permanencia de redes del crimen asentadas en el poder político.
