Quien llegó a la Cámara de Diputados en 1979 –y también en 1988 y 2018– gracias a la vía plurinominal, ahora fue el encargado de proponer la eliminación de esa figura en la reforma electoral
Quien llegó a la Cámara de Diputados en 1979 –y también en 1988 y 2018– gracias a la vía plurinominal, ahora fue el encargado de proponer la eliminación de esa figura en la reforma electoral

Un verdadero maestro de la traición a su palabra, su trayectoria y su historia, Pablo Gómez Álvarez, exlíder estudiantil en 1968, comunista aferrado de toda la vida y quien fuera nombrado titular de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral trabajó de forma extenuante para acabar con todo eso que alguna vez dijo creer.
Al ser presidente de la Sociedad de Alumnos de la Facultad de Economía, Gómez Álvarez tuvo una participación relevante (porque hay que reconocer que, a diferencia de otras “admiradas” figuras de la izquierda mexicana, él sí participó) en el movimiento del 68 con el que los estudiantes de la UNAM reclamaron, entre otras cosas, las prácticas del régimen priista que no tenía empacho en hacer sentir su poder.
Preso político a causa de su participación en el movimiento estudiantil que se desarrolló a lo largo de ese año, y que terminó con la desgracia del 2 de octubre en la plaza de Tlatelolco, en esos años el entonces líder estudiantil aburría a sus compañeros en la crujía C en la cárcel de Lecumberri.
Según narró el también líder del movimiento, Luis González de Alba, en su libro Los Días y Los Años, Gómez Álvarez tenía pocos temas de conversación, y le encantaba llenarle el oído a quien se prestara a escuchar sus desgastadas historias de “Pablo y Sofía”, en las que lejos de hablar de una novia el izquierdista contaba su paso por la capital de Bulgaria.
En ese entonces, el exrepresentante estudiantil también era enfático en exponer su obsesión con el alfabeto cirílico (“que, por cierto, debe su nombre a San Cirilo” escribió en tono de burla desde su celda González de Alba), o la historia de un barco hecho de cemento que terminó por hundirse y que, aseguraba en ese momento el viejo representante de la izquierda, “lo había construido un maestro suyo y todos los cálculos indicaban que debería de flotar”.
Tras salir de prisión en 1971, Gómez continuó con su militancia en el Partido Comunista Mexicano, donde llegó a formar parte de su Comité Central. Después fue dirigente del Partido Socialista Unificado de México (PSUM), donde trabajó en la construcción del Partido Mexicano Socialista. Finalmente, ya en 1989 también colaboró en el proyecto que dio vida al recién estrenado Partido de la Revolución Democrática (PRD), del que saldría, años después, para unirse a Morena.
Su andar por los partidos de izquierda durante los años 70 le ayudó, junto con las reformas constitucionales de Jesús Reyes Heroles, a que el siempre cambiante Gómez Álvarez llegara a la Cámara de Diputados en 1979 como diputado del Grupo Parlamentario Comunista en una coalición de Izquierda.
Fue ahí cuando, lejos de forjarse como un líder de masas, se construyó una imagen de negociador legislativo y estratega dentro de los congresos. Como si ya hubiera comido demasiada calle en su época de estudiante, el que aún hasta el día de hoy sigue viviendo de su imagen como líder estudiantil del 68 cambió los mítines y asambleas en balcones y banquetas por el encierro y la negociación en privado.
Los últimos rayos del reflector nacional le llegaron en agosto de 2025, cuando fue nombrado titular de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral por la presidenta Claudia Sheinbaum. Su misión era evidente, seguir los pasos de lo delineado por López Obrador, quien en cuatro ocasiones desde 2022 intentó cambiar las reglas que, a su vez, lo llevaron a él a ocupar la Presidencia en 2018. Tal para cual.
El primer intento de reformar la ley electoral fue rechazado por la Cámara de Diputados, otro más fue declarado como invalidado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y el tercero fue suspendido por la propia Sheinbaum Pardo, que en su momento pidió esperar. Ahora, el último embate recayó sobre Gómez Álvarez, con una misión en especial, la de eliminar la representación proporcional, mejor conocida como la vía plurinominal, “los pluris”.
Su intento quedó plasmado, al menos parcialmente, en la iniciativa presentada este miércoles, en la que planteó eliminar esta figura en la Cámara de Senadores, además de que los pluris que intentarán llegar a la Cámara de Diputados ya no serán incluidos en listas partidistas sino que deberán de salir buscar el voto, esa obsesión que ha marcado los discursos de la presidenta en los últimos días.
Pocas figuras han logrado incendiar el camino por el que llegaron a una meta con el propósito de evitar que alguien pueda andar por el mismo trayecto de la misma manera que lo planteó el titular de la Comisión Presidencial en su reforma. El que llegara a la Cámara de Diputados en 1979 (al igual que lo hizo en 1988 y 2018) gracias a la vía plurinominal, ahora fue el encargado de proponer la eliminación de esa figura. Destrozar la escalera para que nadie más pueda subir detrás de él.
Pero como las contradicciones, esas que también parecen estar arraigadas hasta el tuétano en el morenismo, no le son ajenas, a Gómez Álvarez no le hace falta recordar que eso mismo es por lo que peleó en su primera legislatura como diputado (plurinominal).
En la sesión del 20 de agosto de 1981, el entonces legislador exigió que la participación de los legisladores plurinominales fuera aún mayor, o al menos eso decía creer al presentar una iniciativa para ampliar esta figura y lograr un Congreso más equilibrado.
“La iniciativa mantiene el número fijo de 400 diputados, elegidos todos ellos mediante el sistema de representación proporcional que haga posible que cada partido cuente con un número de curules en directa proporción a su porcentaje de votos”, exclamó.
Antes, afirmó que “la representación proporcional convierte a cada ciudadano en un elector cuyo voto cuenta lo mismo que el de cualquier otro, mientras que el sistema de mayoría relativa lleva a que sólo sean los votantes del partido que tiene mayoría los que estén representados”.
Claro que eso es historia, y no es lo mismo luchar por poder sentarte en la mesa que tener el poder de quitarle a otro su lugar. Y, como ya había demostrado en otras ocasiones, para Gómez Álvarez los reclamos son válidos siempre y cuando no sean para él.
Después de todo, esa misma actitud del izquierdista la vimos otras veces. ¿Cómo olvidar cuando en 2015, en su papel de representante del instituto político que ayudó primero a formar y luego a destruir, el PRD, Gómez denunció en el Instituto Nacional Electoral (INE) a candidatos del PRI que se postulaban con las siglas del Partido Verde para lograr una sobrerrepresentación en el Congreso de la Unión?
“Candidatos sandía” les llamó en esa ocasión, porque eran verdes por fuera y rojos por dentro. Claro que su ingenio para poner apodos con los que descalificar a adversarios no le impidió repetir su misma fórmula, y en 2018 ser postulado como diputado del Partido del Trabajo (PT) para acabar en la bancada de Morena. Todo un tutti frutti de legislador.
Bueno, es que ya ni la memoria y la experiencia que se pudo haber llevado de cargos recientes le han servido Gómez Álvarez, quien tuvo la oportunidad de hacerle honor a la idea que algunos quienes siguen creyendo en él tienen e imponer de una vez por todas un régimen de fiscalización que le pusiera fin a los ríos de cash que corren en cada campaña.
Se olvidó de que alguna vez fue titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), en donde, dicho sea de paso, también recibió acusaciones de hacer uso político de la institución a su cargo (aunque hay que decir que no hay ningún caso comprobado en tribunales, algo que tampoco es raro en los tiempos que vivimos), el titular de la comisión no consideró importante tener una fiscalización robusta.
Su misión al frente de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral terminó de forma oficial el miércoles pasado cuando la iniciativa fue enviada a la Cámara de Diputados. Claro que todavía podría ayudar a convencer (por decirlo de forma ligera) a opositores o miembros de los aliados PT y Partido Verde que no estaban del todo convencidos y que apoyen el plan de la presidenta.
Sin embargo, en medios aliados a la 4T ya hacen correr la versión de que hay otros secretarios, legisladores y operadores que tienen ese encargo, por lo que Gómez Álvarez quedaría relegado al observatorio durante la parte final de su tarea.
¿Qué le deparará el futuro al siempre cambiante Pablo Gómez? Imposible saberlo. De lo único de lo que se puede estar seguro es que si se aprueba su propio documento y él intenta regresar a legislar, el tantas veces pluri tendrá que ir casa por casa a intentar convencer, explicar y conseguir votos, y no se podrá escudar en esas listas que tanto lo beneficiaron y a las que ahora busca ponerles un fin.
Contacto