Culiacán, Sin.- ¿Para qué sirve la política cuando ni siquiera se pueden lograr acuerdos elementales? El déficit que hoy tiene México es precisamente de falta de acuerdos políticos. De hecho, no existen vías de negociación. Ni directas, ni oblicuas. Se ha roto toda relación del gobierno hacia los principales protagonistas de la vida pública. Ello es alarmante.
Empresarios, medios de comunicación, industriales, agricultores, pescadores, creadores, partidos políticos, organizaciones ciudadanas y gremiales, todos tienen en común que son ignorados por la presidenta Sheinbaum. Por eso se multiplican las manifestaciones, la toma de carreteras, y el reclamo de que urge un gran acuerdo social para sacar al país de la grave situación en que se encuentra.
Hoy México vive en estado de emergencia. La economía nacional este año acumulará ocho años con crecimientos menores a 1% anual. Las finanzas públicas ya son insolventes. Y pese al discurso oficial, la pobreza, la marginación y la desigualdad siguen impactando a la población. Además, la inseguridad pública no ha logrado disminuir. Todo ello está trastocando peligrosamente la vida pública nacional. La economía, política, cultura y la sociedad misma se erosionan con rapidez.
El gobierno ya no puede enfrentar esta compleja situación. Necesita aliados porque todo se le está saliendo de control. Es necesario superar esa actitud política divisionista y pendenciera, para cohesionar a la población y a sus organizaciones. Solo la convergencia en torno a acciones muy concretas posibilitará hacer frente a los problemas.
El gobierno aún puede promover un gran acuerdo nacional, sumando a organismos productivos, sociales y políticos con base en las siguientes acciones: iniciar un agresivo programa de inversión pública y privada, construir una economía moderna y solidaria, un programa para generar empleo e ingresos a la población, una verdadera política social, y mejorar la calidad en los servicios educativos y de salud.
De no establecer acuerdos para superar la actual situación, México está en riesgo de tener otro sexenio perdido en términos de progreso y desarrollo. Lo que hoy sucede no tiene nada que ver con neoliberales o conservadores. Es un asunto de falta de liderazgo, disposición política y capacidad institucional para convocar a la unidad.
La fractura que hoy se vive en México, erosiona todo lo público y debilita a la política como mecanismo para lograr consensos. Recuperar la cohesión social es urgente para reconstruir al país y evitar otro sexenio de constante deterioro.
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