El Comité del Nobel en Noruega anunció el 10 de octubre de 2025 que la lideresa opositora venezolana María Corina Machado fue galardonada con el Nobel de la Paz “por su trabajo incansable en la promoción de los derechos democráticos del pueblo de Venezuela y su lucha por una transición pacífica y justa de la dictadura a la democracia”. El Comité destacó que Machado encarna “la afirmación de que las herramientas de la democracia son también herramientas de la paz”.
La historia del premio, sin embargo, no se limitó al comunicado oficial, ya que estuvo aderezada por las vicisitudes de la represión en Venezuela, una prohibición de viajar, la clandestinidad y una salida secreta del país que terminó con la llegada de Machado a Oslo horas después de la ceremonia oficial, cuando su hija la representó en el podio.
Por primera vez en décadas, la imagen del Nobel en la sala de Oslo fue la de una familia recibiendo el galardón en nombre de una mujer que no pudo estar presente el día central. Ana Corina Sosa, hija de Machado, subió al estrado para aceptar el premio en representación de su madre y pronunció un discurso en el que subrayó que “la democracia es esencial para la paz” y llamó a la comunidad internacional a mantener la presión por la libertad de Venezuela y por el derrocamiento del poder del actual presidente, Nicolás Maduro.
El texto íntegro y extractos del mensaje fueron reproducidos por varios medios internacionales; su intervención fue recibida entre ovaciones y un silencio solemne en la sala.
Machado lleva años en la primera línea de la oposición venezolana y, según informes, enfrentaba una prohibición de salida del país y amenazas que la empujaron a recurrir a la clandestinidad. A pesar de estas limitaciones, logró salir de Venezuela en una operación discreta y llegar a Noruega —según reportes, la líder llegó a Oslo ya avanzada la noche y apareció públicamente desde el balcón del Grand Hotel horas después de la ceremonia—.
Las autoridades venezolanas habían advertido que quien desobedeciera las restricciones sería tratado como “fugitivo”, lo que explica la decisión de no asistir al acto oficial y el carácter secreto del viaje.
Medios y testigos reconstruyeron partes de la ruta: desde la clandestinidad en Caracas hasta movimientos discretos que incluyeron transporte marítimo y vuelos con escalas, en los que la logística fue cubierta por redes de apoyo de la oposición y organizaciones internacionales. Por razones de seguridad —y por la propia situación legal— no todos los detalles del itinerario se han hecho públicos.
El Comité Noruego justificó la decisión del galardón a la disidente venezolana, al señalar que la lucha de Machado no es solo por el cambio de gobierno, sino por la reinstauración de derechos civiles, electorales y el imperio de la ley en un país que atraviesa una severa crisis política y humanitaria. Para el Comité, su trabajo constituye un aporte a la paz, porque la democracia y el desmantelamiento de prácticas autoritarias son condiciones necesarias para la convivencia pacífica.
La concesión del Nobel se produce en medio de una escalada de condenas internacionales sobre la situación en Venezuela. Informes de organismos multilaterales y de derechos humanos han documentado prácticas sistemáticas de persecución, detenciones arbitrarias, tortura y desapariciones forzadas atribuibles a fuerzas estatales, y han concluido que en muchos casos esas actuaciones podrían constituir crímenes de lesa humanidad. Organizaciones como la ONU, Amnistía Internacional, Human Rights Watch y misiones fact-finding han publicado reportes a lo largo de 2024–2025 que sostienen estas conclusiones. Ese telón de fondo explica parte del sentido político y simbólico del galardón.
El gobierno del presidente Nicolás Maduro rechazó en términos duros la decisión de los noruegos y denunció injerencia extranjera; por su parte, sectores de la oposición celebraron el reconocimiento como un impulso internacional a su causa. Las tensiones diplomáticas entre Caracas y varios gobiernos occidentales se han intensificado en 2025, entre acusaciones mutuas y sanciones que complican aún más la posibilidad de acuerdos internos.
Lo que sigue
Machado, de 58 años, declaró desde Oslo que aceptaba el premio en nombre del pueblo venezolano y prometió que la medalla no sería un trofeo de celebración sino “una plataforma para seguir denunciando y construyendo” las condiciones para una salida democrática en su país, al que volverá pese a los riesgos. Además, su llegada a Noruega y la cobertura internacional reavivaron el debate sobre la seguridad de líderes opositores, las rutas de exilio y las medidas que toman regímenes autoritarios para impedir la movilidad política de sus adversarios.
Para muchos analistas, el Nobel a Machado envía señales múltiples: solidaridad con las víctimas de la represión venezolana; una advertencia a gobiernos que criminalizan la disidencia; y un recordatorio de que, según la visión del Comité, la defensa de la democracia es también una labor por la paz.
Pero la pregunta política práctica —cómo se traducirá ese reconocimiento en cambios reales sobre el terreno en Venezuela— permanece abierta y dependerá en buena medida de la presión internacional, la cohesión de la oposición y la respuesta del propio régimen.


