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Murió Pixie Hopkin, creadora de las Pelucas Pixie

La irlandesa que llegó a México en 1962, fue diseñadora y actriz, estuvo casada con Juan José Gurrola, pero más que eso, su nombre se quedó en la cultura mexicana y en la memoria colectiva

La imagen de la mujer urbana en México durante los años setenta no se entendería sin su sello. Este fin de semana se confirmó la muerte de Pixie Hopkin a los 85 años, una figura que transformó la estética femenina en el país y dejó una huella que va más allá de la moda.

De origen irlandés y formada en teatro y diseño de vestuario, Hopkin llegó a México en 1962. Antes, en Dallas, había conocido al director Juan José Gurrola, con quien se casaría y a través de quien se integró al círculo intelectual conocido como “La Mafia”, donde coincidió con nombres como Juan García Ponce y Juan Vicente Melo. Ese entorno, vinculado al teatro experimental, el cine y el performance, definió su manera de concebir la imagen como una construcción total.

Su impacto se volvió visible en un momento de cambio para el cine nacional, cuando las historias comenzaban a dejar atrás los escenarios rurales para mirar a la ciudad. Fue entonces cuando aparecieron sus propuestas, pelucas voluminosas, pestañas postizas y un maquillaje atrevido que ayudó a construir una estética más cosmopolita. No se trataba solo de productos, sino de un nuevo lenguaje visual. Ella misma apareció como actriz en cintas como Patsy mi amor, junto a Ofelia Medina; Narda o el verano, con Enrique Álvarez Felix y Héctor Bonilla; The Candy Man, filme de 1969 de Estados Unidos que trata el tema de las drogas y en el que ella compartió créditos con Manolo Fábregas, Gina Romand, George Sanders y Leslie Parrish.

Fundó “Pixie”, la primera marca en México especializada en pelucas y pestañas postizas. Para posicionarla, recurrió a una estrategia directa, la llevó a la pantalla. Actrices como Silvia Pinal, Ana Martín, Isela Vega, Claudia Islas y Anel adoptaron sus diseños, proyectando una feminidad distinta, más libre, más urbana y visible.

El crecimiento fue rápido. Para 1974, la marca había alcanzado su punto más alto con 42 tiendas, cerca de 5 mil puntos de venta de pestañas y alrededor de 250 empleados. Sus boutiques, ubicadas en zonas como la Zona Rosa, Polanco y Satélite (y con presencia también en Estados Unidos), ofrecían también ropa y accesorios alineados con las tendencias internacionales, pantalones acampanados, plataformas, los "escandalosos" hotpants y siluetas juveniles que no copiaban, sino reinterpretaban lo que ocurría fuera del país.

Su trabajo también se extendió al teatro. Participó en la puesta mexicana de Hair en 1974, presentada en el Teatro Fru Fru, donde no solo diseñó el vestuario y las pelucas, sino que lanzó productos como los “Crayones Pixie”. Además, creó la peluca “Tigresa”, asociada a la imagen escénica de Irma Serrano en montajes como Naná. Hopkins también fue cantante y colaboró de cerca con Nacho Méndez, con quien hizo un disco.

Con el paso del tiempo, Hopkin trasladó su experiencia al ámbito comercial. A partir de los años noventa colaboró con Liverpool y más tarde con El Palacio de Hierro, donde se desempeñó durante más de dos décadas como directora del área de Tendencias, influyendo en el gusto de varias generaciones.

También dejó huella en la cultura popular, con iniciativas como el concurso de “Los Ojos más Pixie” en el programa Siempre en Domingo, que ayudó a popularizar su estética entre el público masivo. Su nombre, por lo menos en los mayores de 35 años, es parte del lenguaje y hasta ha sido usado al llamar Pixie a chicas con largas pestañas.

Con su muerte se cierra una etapa clave en la historia cultural del país. Pixie Hopkin no solo introdujo modas, ayudó a cambiar la manera en que México se veía a sí mismo en un momento de transición hacia la modernidad.

Dedicada a "La Pixie"

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