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México Vivo frente al VIH: el virus no mata, la ignorancia sí

En México, el VIH y el sida ya no son una sentencia de muerte, pero siguen siendo una prueba contundente de nuestras desigualdades. Mientras la ciencia avanza, el estigma se aferra. En ese terreno, entre la evidencia médica y los prejuicios sociales, trabaja desde hace años la Fundación México Vivo, una organización que ha decidido mirar de frente una realidad que muchos prefieren ignorar.

En nuestro país, se estima que más de 360 mil personas viven con VIH. Sin embargo, una de cada cinco no sabe que lo tiene. Esa brecha de desconocimiento se traduce en diagnósticos tardíos, mayores complicaciones de salud y cadenas de transmisión que pudieron haberse evitado. No es falta de tecnología: México cuenta con pruebas rápidas, tratamiento antirretroviral gratuito en el sistema público y herramientas para lograr que una persona con VIH tenga una vida larga y plena. El problema está en otro lado: miedo, discriminación y desinformación.

Ahí entra en escena la Fundación México Vivo. Su trabajo no se reduce a repartir folletos o hacer campañas esporádicas; busca transformar la manera en que entendemos la sexualidad, la prevención y la salud. Su enfoque es claro: hablar de VIH es hablar de derechos humanos, de igualdad y de dignidad. No es un tema “de poblaciones clave”, sino de toda la sociedad.

México Vivo impulsa programas de prevención integral, que combinan educación sexual basada en evidencia, acceso a pruebas de detección y acompañamiento para quienes reciben un diagnóstico positivo. Su mensaje es contundente: hacerse la prueba no es un acto de miedo, sino de responsabilidad y autocuidado. Detectar el virus a tiempo permite iniciar tratamiento, controlar la carga viral y, gracias a los avances médicos, llegar a un punto en el que la cantidad de virus en la sangre es tan baja que se vuelve indetectable. Y cuando el VIH es indetectable, no se transmite. El principio “Indetectable = Intransmisible” no es un eslogan, es una revolución silenciosa en salud pública.

Pero la batalla no es sólo médica. Muchas personas con VIH siguen perdiendo trabajos, amistades e incluso el apoyo de su propia familia cuando revelan su diagnóstico. En pleno siglo XXI persisten ideas falsas: que el VIH se contagia por un abrazo, por compartir un vaso o por un beso. Frente a ello, México Vivo impulsa campañas que desarman mitos y ponen en el centro una verdad incómoda: el verdadero peligro no es el virus, sino la ignorancia.

La fundación también trabaja con empresas, escuelas y gobiernos, recordando una lección esencial: no habrá control del VIH sin educación sexual integral, sin respeto a la diversidad, sin servicios de salud libres de prejuicios. El VIH es un espejo de nuestra capacidad —o incapacidad— de construir una sociedad más justa.

Hoy, hablar de VIH y sida en México exige valentía. Es aceptar que detrás de cada estadística hay una historia, un rostro, un proyecto de vida. La Fundación México Vivo ha decidido no mirar hacia otro lado y nos invita a hacer lo mismo. El reto ya no es sólo salvar vidas, sino cambiar mentalidades. Porque cuando un país deja de tenerle miedo a la información y al diagnóstico, el virus pierde poder. Y ganamos todos.