El nudo del conflicto es conocido y nadie se atreve a decirlo en voz alta: Andy trae línea directa de su padre, Andrés Manuel López Obrador, quien, lejos de retirarse, continúa dictando órdenes en el partido. Así, Sheinbaum enfrenta la paradoja de ser presidenta sin controlar plenamente a su propia fuerza política, mientras Morena obedece a un liderazgo en la sombra. El resultado es un partido partido en dos: uno que responde al presente y otro que sigue gobernándose desde el pasado.
Rudos contra botargas del Bienestar
Promover los hábitos saludables es tarea encomiable, crear botargas para tal efecto es adecuado, pero hacer promoción en un escenario de Lucha Libre, es un error. Funcionarios de la Secretaría de Salud recibieron una rechifla monumental este viernes en la Arena México, pero peor resultó para las botargas, que por momentos se ponían en la mira de los rudos y sin que los técnicos metieran las manos. El público, enrarecido, quería que iniciara el pleito entre luchadores y no que les recetaran las virtudes de comer lechugas y zanahorias. Los funcionarios bajaron apenados del ring y, no perdieron la máscara, porque no la traían.
Xóchitl Gálvez, contra las fechorías electorales
Xóchitl Gálvez fijó postura frente a la reforma electoral en puerta desde la experiencia de quien se sabe afectada por las triquiñuelas de Morena. Señaló los actos anticipados de campaña y el dispendio de cientos de millones de pesos en anuncios espectaculares desplegados por todo el país, destinados principalmente a promover a la entonces jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, y al secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández.
La excandidata presidencial de la alianza PRI-PAN-PRD recordó además la intervención reiterada e ilegal del presidente López Obrador en la contienda. Son esas conductas —subrayó— las que deberían sancionarse, en lugar de diseñar reformas orientadas a debilitar a la oposición.
En el Verde no todos son paleros
Mientras algunos en el Partido Verde se esmeran en demostrar su lealtad a Morena —aunque el precio sea la extinción de su propio partido—, el senador Luis Armando Melgar insiste en recordar que todavía queda algo parecido a la dignidad política. En su cuenta de X advirtió que Morena se equivoca si cree que el Verde no existe sin su tutela. “No vamos a votar una reforma electoral que busca un partido único. Somos aliados, no paleros”, escribió, en un mensaje que claramente no pasó por el filtro de la obediencia ciega. Incluso adelantó que en 2027 el Verde irá solo donde encabece las encuestas, una herejía para quienes prefieren seguir cobrando renta como satélite.
Así, a contracorriente de dirigencias y coordinaciones parlamentarias que juran no opinar hasta que “haya iniciativa” —como si no supieran leer entre líneas—, Melgar mantiene su cruzada contra una reforma que huele a partido único. Y conviene escucharlo: la mayoría que Morena necesita en el Senado depende de que nadie se baje del camión de la 4T, aunque algunos parezcan dispuestos a hacerlo… con tal de que el Verde no termine convertido en un simple recuerdo en la boleta.
Salvajes contra caníbales en Anticorrupción
La gobernadora de Baja California, Marina del Pilar, anda tan ocupada esquivando el tema de las investigaciones sobre su hasta hace poco esposo, Carlos Torres, que su margen de maniobra política se le encogió peligrosamente. Cuando Vania Pérez Morales pidió que se separara del cargo mientras avanzan las indagatorias por lavado de dinero y tráfico de armas, la propuesta murió en el escritorio del propio Sistema Nacional Anticorrupción: pedir licencia, dijeron, es asunto exclusivo de la gobernadora. Traducido: aquí nadie se mete… pero tampoco la defienden.
Y esa debilidad no pasó desapercibida en Morena. Mientras Marina del Pilar guarda silencio y se hace la distraída, sus compañeros de partido aprovechan el momento para cerrarle el paso en la selección de candidaturas a diputados. Con la gobernadora políticamente tocada, en Morena aplican la regla no escrita: mejor que no opine, no vaya a ser que complique las cosas. Así, entre investigaciones incómodas y silencios convenientes, la gobernadora observa cómo le quitan la baraja de las manos… por su propio bien, claro.
