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Los perros y el arte

Para Rumba

Desde tiempos inmemorables el perro ha acompañado al hombre. Nadie sabe cómo nació este vínculo de lealtad incondicional, pero en recompensa, los hombres de todos los tiempos han pintado a los perros para dejar un testimonio de una relación que ha sobrevivido, casi inalterable, durante siglos.

Ya en las pinturas rupestres (desde las cuevas de Altamira hasta las de Acacus en el Sahara con al menos 15 mil años de antigüedad) hay claros testimonios de perros acompañando a los hombres primitivos en sus cacerías, que les permitieron subsistir y evolucionar.

En Egipto y Mesopotamia, hace dos mil años, los perros acompañaban a los faraones y reyes persas en sus guerras de conquistas que dibujarían el mapa del mundo antiguo. Las pinturas en los templos egipcios o los maravillosos bajorrelieves babilónicos nos muestran ya a los perros como compañeros de enorme utilidad.

En muchas casas de México, en las puertas, hay un letrero preventivo que anuncia “cuidado con el perro”. Esta expresión, tiene su origen en un mural de mosaicos encontrado en Pompeya (siglo I DC) en el que aparece un perro y se menciona textualmente “Cave Canem” (cuidado con el perro). El perro es ya un protagonista.

En la Edad Media, el perro se integra en la sociedad como símbolo de nobleza, fidelidad, y vigilancia. Poco a poco los perros aparecen en el mundo del arte de una forma más relevante, por ejemplo, Pedro Berruguete pinta en el siglo XV un fantástico retrato de Santo Domingo con su perro. Los dominicos serían conocidos como los perros de Dios.

En el Renacimiento, el perro irrumpe en la historia del arte de forma definitiva, y me voy a permitir nombrar sólo a algunos de los pintores más célebres y donde los protagonistas se hacen acompañar de sus perros o el perro es el protagonista:

Tiziano pinto varios cuadros del emperador Carlos V acompañado de sus perros favoritos.

Van Eyk pinta “El matrimonio Arnolfini”, donde se destaca la fidelidad y aparece también el perro de la pareja.

Diego Velázquez, el pintor de pintores, hace aparecer en su celebérrima pintura “Las Meninas” a un enorme mastín propiedad de la familia de Felipe IV.

Entre las “pinturas negras”, de Goya, la más famosa y mejor conocida es la del “Perro Semihundido” que sin duda adelanta al impresionismo. Aquí el personaje cumbre es el perro.

Ya en el arte moderno y contemporáneo el perro ha seguido vigente y me gustaría señalar la relación de los perros salchichas de pintores como Warhol y Picasso (su historia con Lump es una maravilla).

El gran maestro mexicano Rufino Tamayo pintó maravillosamente a más de un perro, él y Olga los adoraban.

Les deseo que sigan disfrutando del arte y de sus perros,

Pancho Graue.