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Los mercados (y el miedo a los votantes) frenaron a Trump

Algo pasó en las 24 horas transcurridas entre que Donald Trump amenazó con usar “la fuerza imparable” si decidiera tomar Groenlandia, y su promesa hecha en Davos de no utilizar la fuerza y eliminar la imposición de aranceles a los europeos.

Se echó para atrás.

Retiró las amenazas (ni tan) veladas y renunció públicamente al uso de la fuerza militar.

También se echó para atrás con los aranceles a ocho países europeos en represalia por obstaculizar su adquisición de Groenlandia.

¿Por qué retrocedió Donald Trump?

Porque los mercados comenzaron a caer luego de interpretar sus amenazas como un paso firme hacia la guerra comercial entre aliados.

Con los mercados financieros en turbulencia y la economía con luces rojas si se desata la guerra comercial, Trump perdería las elecciones de noviembre.

Donald Trump sólo le tiene miedo a los votantes.

En una democracia, como la que bien o regular existe en Estados Unidos, la última palabra la tiene el voto ciudadano.

Las emociones que Donald Trump sabe agitar en su beneficio político se desvanecen si cruza la línea roja y lastima la economía de los ciudadanos.

Ayer ese temor al voto de castigo de los estadounidenses hizo que bajara el nivel de su beligerancia.

Fueron los mercados, sí, pero la conexión con el poder del ciudadano que puede premiar o castigar con su voto una mala aventura, contuvieron la locura de dinamitar la OTAN y el comercio.

Si Trump pierde las elecciones intermedias y la economía mundial entra en crisis, el impeachment estaría en el camino de Donald Trump.

Es decir, congresistas y senadores demócratas, más algunos republicanos, lo podrían sentar en el banquillo y quitarlo de la presidencia.

¿Se entiende ahora la importancia de la batalla en México por impedir que el gobierno le restrinja el poder al ciudadano?

¿Queda claro a qué le temen en México los nostálgicos del Muro?

Ese es el quid de la reforma electoral que los partidos en el poder diseñan a espaldas de la ciudadanía.

Controlar al árbitro de las elecciones.

Restringir el acceso de representantes de partidos de oposición al Congreso.

“Los electores votan con el bolsillo”, dirán algunos y en buena medida es verdad. Aunque para defender el bolsillo se necesita el voto.

A Trump sólo le quedaron palabras para insultar a los líderes europeos.

Soltó adjetivos y denuestos al por mayor. Dijo que se la iban a pagar, malagradecidos. Palabras y más palabras.

Pero en los hechos, el político soberbio y con un ego colosal, presidente del país más poderoso de la Tierra, tuvo que retroceder en su intención de comprar o tomar Groenlandia “a como dé lugar”.

Impecables se vieron el primer ministro de Canadá, Mark Carney, el presidente Francia, Emmanuel Macron, y la primera ministra italiana, Georgia Meloni.

Ayer fue un gran día. Aún hay líderes en Occidente.

Y aquí deberíamos tomar nota de lo que se pierde si Morena y sus aliados continúan mermando el poder del ciudadano para entregárselo al gobierno.