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Lemus corta la cabeza al SIAPA… pero la hidra sigue viva

Guadalajara, Jal.- Resolver y administrar problemas son situaciones completamente distintas. Lo que hizo el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, al despedir este lunes al titular del Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), Antonio Juárez Trueba, es lo segundo.

Por supuesto que no fue una mala decisión, era obligatorio después de que, ante la seria crisis de agua turbia y con heces fecales que se distribuye en cientos de colonias de la Guadalajara mundialista, el responsable de ello recomendara dejar que el grifo corra y no usar lo que sale de él ni para cocinar ni mucho menos para lavarse los dientes.

Esa declaración, acompañada de una severa tunda ante la Comisión de Hacienda en el Congreso de Jalisco, le cobraron un puesto por el cual recibía una percepción bruta de 53 mil 835 pesos quincenales.

Sin embargo, más que un acto de rendición de cuentas, la salida de Juárez Trueba es una estrategia de contención política, pues el problema no es de una persona, sino un sistema que normalizó la colocación de “cuates” en puestos clave, la mala administración —logística y de cobranza— y la desatención de un servicio que es vital para cinco millones de habitantes.

Porque el SIAPA es un organismo que no resiente años, sino décadas de abandono. Y en estas últimas semanas se ha confesado públicamente lo que cada tapatío percibe al abrir la llave: el organismo operador de la segunda ciudad más grande en México está desahuciado.

El que esta crisis haya tardado semanas en escalar de redes sociales a un despido sí demuestra que hay interés en cambiar el rumbo, pero no tanto porque el ruido digital haya sido ensordecedor, más bien porque hay un cálculo político que se hace más pesado en tanto el Mundial se acerca.

Entonces: ¿sirve de algo cambiar al titular de un organismo que arrastra auditorías con irregularidades, rezagos estructurales, cartera vencida, fugas históricas y hasta miles de usuarios fuera del padrón? La respuesta corta es no. La larga es peor: sirve para que parezca que alguien pagó, sin que nada cambie.

Si el criterio a seguir a partir de ahora es la probada ineficacia de la administración de Juárez Trueba, la otra pregunta obligada es si también la vara se medirá de la misma forma con otras dependencias que se esfuerzan por probarse a sí mismas con la efectividad de una inerte barra de carbón.

Para que Pablo Lemus realmente le cambie el rostro al Estado, y no únicamente administre problemas coyunturales, resulta indispensable que la hidra al estilo Jalisco comience a caer. Y bien valdría la pena que también la cabeza de la movilidad indigna corra el mismo destino: de los pies a la cabeza y con la intención de resolver.

Si el verdadero estilo con el que Lemus quiere rubricar su administración es escuchar y atender el clamor ciudadano, que no sea el costo político al punto de ebullición lo que lo anime, sino el legítimo interés de que el manual de estilo se corrija y se haga valer la máxima que él mismo expuso cuando se habló de una supuesta nómina de funcionarios ligados al crimen organizado: que caiga quien caiga.

Y no para el beneficio de un proyecto político que, asumo, quiere mantener al frente de Jalisco y de sus municipios de cara a la elección de 2027, sino para dignificar a la ciudadanía que gobierna.

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