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Las armas secretas de EU tienen un presupuesto de 115 mil millones de dólares

Desde apagones cibernéticos hasta rescates mediante la escucha de los latidos del corazón, pasando por láseres de defensa, la inversión de EU en proyectos clasificados alcanza niveles históricos

Recientemente, las fuerzas armadas de Estados Unidos han pasado de la discreción a la revelación, siempre contundente,  de diversas tecnologías bélicas de vanguardia. Las armas secretas actuales (que por supuesto ya no lo son tanto, puesto que algo sabemos de ellas) no solo incluyen hardware físico, sino también sistemas integrados de inteligencia artificial y diversos equipos que en aire, tierra o mar tienen capacidades simplemente asombrosas. 

De acuerdo con la Federation of American Scientists (FAS), la inversión de Estados Unidos en proyectos clasificados (conocidos como el “presupuesto negro”) ha alcanzado niveles históricos en los últimos años, impulsada por la competencia tecnológica con China y Rusia. 

Para el año fiscal 2026, se estima que el gasto total de Estados Unidos en inteligencia y programas clasificados superará los 115 mil millones de dólares, desglosados en dos grandes programas públicos pero cuyos detalles internos son secretos. Uno es el Programa de Inteligencia Nacional (NIP), con 81 mil 900 millones de dólares solicitados para agencias como la CIA y la NSA. Y otro es el Programa de Inteligencia Militar (MIP), que dispone de 33 mil 600 millones de dólares destinados a actividades de inteligencia específicas del Departamento de Defensa

Este gasto "secreto" representa aproximadamente el 10 o 12% del presupuesto total de defensa, que para 2026 se proyecta en torno a los 900 mil millones.

Venezuela, campo de pruebas

Al comenzar este año, durante la “extracción” de Nicolás Maduro, Estados Unidos desplegó un sistema que literalmente apagó todos los radares y sistemas de comunicación de las fuerzas armadas venezolanas, lo que hizo posible que el ataque de Estados Unidos a las instalaciones donde se encontraba Nicolás Maduro, pudieran transcurrir con una enorme ventaja y en muy poco tiempo.

El propio expresidente Donald Trump habló de esta nueva arma y la bautizó coloquialmente como el “Discombobulator”. Según informes de The New York Times y Wired, Estados Unidos ejecutó ejecutó estos ciberataques de alta precisión que desactivaron los radares de defensa aérea y provocaron un apagón eléctrico localizado alrededor del complejo militar donde se encontraba Maduro, con un avión EA-18G Growler.

Este avión de guerra electrónica fue identificado como la pieza fundamental para "cegar" los radares y sistemas de defensa (de origen ruso y chino) mediante el bombardeo de señales electrónicas masivas.

Durante esa misma operación todo indica que se probó un arma sónica o de energía Dirigida. Diversos testimonios de guardias venezolanos describieron un dispositivo que emitía una “onda de energía intensa” o sonido inaudible que causó desorientación, náuseas, vómitos y sangrado nasal en las tropas terrestres, dejándolas incapaces de reaccionar. Expertos sugieren que podría tratarse de un emisor de microondas de alta potencia basado en el efecto Frey.

Igualmente, una vez neutralizada la electrónica, se desplegaron enjambres de drones y equipos de fuerzas especiales (Delta Force) que operaron con una precisión tecnológica sin precedentes.

Un rescate espectacular

El más reciente ejemplo de nuevas tecnologías militares fue el rescate del piloto norteamericano de un F 15 derribado en Irán, cuya localización fue posible gracias a un detector de sus latidos de corazón.

A esta tecnología clasificada ya se la conoce como “Ghost Murmur” y lo que hace es una detección biomagnética remota que funciona bajo el principio de “escuchar” el latido del corazón humano a largas distancias, utilizando física cuántica e inteligencia artificial. 

Aunque los detalles específicos son secretos, informes de medios como el New York Post y analistas de defensa ha señalada que funciona con  magnetometría cuántica de largo alcance: un sistema que utiliza sensores cuánticos ultra sensibles para detectar campos magnéticos extremadamente débiles. Esto se basa en el hecho de que el corazón humano genera una pequeña corriente eléctrica con cada latido, la cual proyecta una firma electromagnética única.

Lo que sigue es una filtración por Inteligencia Artificial. A distancias de hasta 64 kilómetros (según reportes sobre el rescate en Irán), la señal del corazón es casi imperceptible entre el “ruido” de fondo. Los algoritmos de IA procesan estos datos en tiempo real para aislar la señal biológica humana de otras interferencias electromagnéticas o geológicas.

Después se realiza la geolocalización biológica. A diferencia de los radares tradicionales que rebotan ondas en superficies, esta tecnología es pasiva. No requiere que el objetivo emita señales de radio o calor, lo que permitió localizar al copiloto incluso cuando estaba oculto en una grieta montañosa y su baliza de emergencia no era precisa. 

En qué se está gastando el “presupuesto negro”

Las tecnologías en marcha, secretas al fin, sólo se conocen parcialmente o en forma de trascendidos. Sin embargo, entre los Sistemas de Próxima Generación está, por ejemplo, el F-47. Este proyecto, envuelto en un alto nivel de secretismo, representa el futuro de la superioridad aérea. 

Se caracteriza por una furtividad avanzada (silueta y motorización ocultas), capacidad de operar en red controlando enjambres de drones y el uso de inteligencia artificial para la toma de decisiones críticas.

De igual forma, recientemente se reveló el diseño del primer caza destinado a operaciones de defensa orbital y guerra espacial, con el que la verdadera guerra del futuro está en camino.

Los Drones CCA (Collaborative Combat Aircraft) son aviones no tripulados controlados por IA que acompañan a los cazas sí tripulados en misiones de combate. 

En el mismo ámbito de los drones está el RQ-170 Sentinel. Aunque su existencia es conocida desde hace años, este dron de reconocimiento de ala volante sigue operando con tecnologías de sigilo altamente clasificadas.

Por lo que toca al armamento terrestre y de infantería, las novedades arrancan con el tanque M1E3 Abrams, una versión modernizada del icónico tanque que reduce su peso a 60 toneladas. Incorpora protección activa contra drones, motores híbrido-eléctricos y sistemas de IA para identificar amenazas automáticamente.

También está el despliegue de los fusiles M7 y las ametralladoras M250, que marcan una transición hacia la nueva munición de 6,8x51 mm, diseñada para superar blindajes modernos que el calibre 5,56 mm estándar ya no puede penetrar eficazmente.

Un Sistema de Control de Tiro M157 con dispositivos ópticos avanzados que integran calculadoras balísticas y sensores para garantizar una precisión casi perfecta en cada disparo de infantería. 

Sacados igualmente de lo que hasta hace no mucho parecía ciencia ficción, están lo Láseres de Defensa de 60 kW, que son sistemas de energía dirigida ya en fase de pruebas o despliegue para interceptar drones y proyectiles mediante haces de luz de alta intensidad.

Y los ya comentados misiles hipersónicos,  proyectiles capaces de viajar a más de cinco veces la velocidad del sonido.

“Shotcaller”: la estrella de la nueva guerra 

Shotcaller es el nombre en clave de un avanzado programa de inteligencia artificial y red de sensores de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, diseñado para la gestión de batalla en tiempo real.

A diferencia de los sistemas de radar tradicionales, su funcionamiento se basa integrando información de satélites, drones, aviones de combate y sensores en tierra (como los de la tecnología Ghost Murmur) para crear un mapa digital exacto del campo de batalla.

Utiliza algoritmos de IA para predecir los movimientos del enemigo y sugerir a los comandantes la mejor respuesta táctica en segundos.

Con todo esto –y seguramente mucho más que no conocemos– la guerra se está  transformando  veloz y profundamente. Y no hay duda que  la iniciativa, dado su inmenso presupuesto militar, la sigue teniendo Estados Unidos.

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