En 20 años de lucha contra las organizaciones criminales hemos acumulado el conocimiento suficiente para afirmar que, tras la detención o eliminación de los grandes capos, en el campo criminal suelen ocurrir tres fenómenos que se han convertido ya en obviedades:
- que las afectaciones a las organizaciones criminales son relativas y pasajeras, pues la estructura criminal que dirigían y los mercados ilegales y las actividades criminales que operaban continúan y se adaptan a la ausencia de sus líderes;
- que, en algunas ocasiones, se generan olas de violencia, más o menos prolongadas, debido a las luchas intestinas entre facciones por hacerse del control de la organización decapitada o por los conflictos con otras organizaciones que intentan apoderarse de sus negocios y territorios;
- que se genera un proceso creciente de fragmentación de las grandes organizaciones en numerosas bandas delictivas autónomas, que agravan los niveles de inseguridad en cientos de municipios, propiciando además un incremento en los delitos patrimoniales en contra de los ciudadanos y empresas, al desvincularse muchas de ellas de los mercados ilegales más lucrativos (narcotráfico, huachicol a gran escala, tráfico de armas, etc.).
La eliminación de Nemesio Oseguera, alias El Mencho, líder del cartel criminal más grande y poderoso del país, no será la excepción, aunque ahora sea imposible estimar la dimensión y el alcance geográfico de esos fenómenos. Sin embargo, la violenta reacción inicial de muchas de las células de esa organización en los estados de Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Tamaulipas, Nayarit, Puebla, Morelos, Guerrero, Baja California, Baja California Sur, San Luis Potosí, Zacatecas, Veracruz, Tabasco, Oaxaca, Chiapas dan una idea de lo que puede ocurrir en los próximos meses y quizá años. En los próximos días leeremos bastantes análisis sobre los escenarios posibles, los estados donde podrán ocurrir los conflictos más feroces, los grupos que se disputarán el liderazgo del CJNG, el trastocamiento del flujo de drogas a Estados Unidos, etc.
Frente a un escenario probable de mayor violencia en el país debido al profundo reacomodo que se dará en las estructuras y mercados criminales surgen muchas preguntas que debería responder el gobierno. La primera y más relevante es si tiene la estrategia y las capacidades para proteger a la población y, por lo sucedido este domingo, pareciera que la respuesta no es muy alentadora porque el gobierno no aprende de sus errores y omisiones.
Después del “culiacanazo”, ocurrido en octubre de 2019, cuando detuvieron a Ovidio Guzmán y hubo una reacción violenta del Cártel de Sinaloa que rebasó al Ejército y obligó al presidente López Obrador a ordenar la liberación del hijo de El Chapo para impedir una masacre, el gabinete de seguridad debió haber aprendido la lección. Pero después de lo sucedido este domingo no está muy claro si lo hizo. En ningún momento se vio sesionando al gabinete de seguridad, dirigiendo un operativo preventivo ni reactivo para controlar los bloqueos, los incendios, los robos, las balaceras en más de una decena de estados.
La información oficial fue deplorable. La Secretaría de la Defensa, no el gabinete de seguridad, hizo público un comunicado informando del operativo y de la muerte de Oseguera seis horas después de ocurrido. García Harfuch, quien es el jefe, estratega y vocero del gabinete de seguridad, sólo emitió un breve mensaje en una red social felicitando al Ejército; la presidenta dijo, desde Coahuila, que el gabinete de seguridad informaría, cosa que hasta las 8 de la noche no había hecho. Algunos gobernadores tomaron medidas precautorias para la población sin aludir a una estrategia nacional o a medidas de coordinación con el gobierno federal. Frente al miedo generalizado de la población por la circulación en redes sociales de los eventos de violencia, incluyendo videos falsos o de otros tiempos y eventos, la comunicación gubernamental brilló por su ausencia.
¿Hubo alguna planeación del gabinete de seguridad para contener la reacción del CJNG? Todo indica que no. Peor aún, si además de esa omisión estamos frente a una fractura del gabinete de seguridad, pues es notable su desaparición en el día que se llevó a cabo el principal operativo de este gobierno contra el crimen organizado: un comunicado tardío de la Defensa; García Harfuch desaparecido y la presidenta en Coahuila; el país atemorizado, las redes desatadas y el gobierno callado. ¿Hay gabinete de seguridad? ¿Para lo que se viene en los próximos meses actuarán como lo hicieron hoy? Dios nos agarre confesados.
