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La destrucción educativa de Morena

El patético espectáculo que escenificaron la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el delirante Marx Arriaga retrata la degradación que Morena ha infligido a la educación pública.

En sus gobiernos ocurrió algo inédito: por primera vez desde que José Vasconcelos creó la SEP en 1921, la matrícula no creció, cayó. Hay 1.5 millones de alumnos menos que en 2018. La cobertura disminuyó en todos los niveles. En preescolar pasó de 71.8% a 63.6%; en primaria, de 98.7% a 94.5%; en secundaria, de 96.5% a 93.1%, y en media superior se desplomó casi 10 puntos, de 84.2% a 74.8%.

El retroceso golpeó más a los estudiantes marginados y amplió la inequidad. La brecha de asistencia a la escuela entre quienes hablan español y quienes tienen alguna lengua indígena creció en todos los niveles educativos.

La calidad educativa, históricamente deficiente, empeoró. Según PISA 2022, México retrocedió una década: menos del 1% de los jóvenes distingue un hecho de una opinión y sólo 2% resuelve una regla de tres. El gobierno culpa a la pandemia. Pero México fue el país de América Latina con mayor retroceso y el que menos hizo para recuperar lo perdido. El colapso es autoinfligido.

Existen, al menos, tres causas detrás del colapso.

Primero, la demolición de la profesionalización docente. Un buen maestro cambia destinos. La evidencia científica muestra que la diferencia entre un buen y un mal maestro equivale a un año de aprendizaje por grado; cinco años con buenos docentes pueden cerrar brechas sociales. Entre 2012 y 2018 creamos el Servicio Profesional Docente: concursos abiertos para ingreso y promoción que sustituyeron el régimen clientelar. La reforma debilitó el control del SNTE y la CNTE y, como lo muestran diversos estudios, elevó la calidad. En 2019, Morena la revirtió y restauró el viejo régimen educativo: votos a cambio del control sindical de la carrera magisterial.

Segundo, el recorte presupuestal y la eliminación de políticas clave. El gasto educativo cayó de 4.4% del PIB en 2018 a 4.1% en 2024. Se cerraron 25 mil escuelas de tiempo completo que atendían a 3.5 millones de niños marginados. El presupuesto para desarrollo profesional docente se desplomó 88%: de 2 mil 294 a 276 millones de pesos (a precios de 2024). Las normales sufrieron recortes similares. Se canceló la expansión de la educación media superior y desaparecieron programas que financiaban el gasto operativo de las escuelas y la sana convivencia entre estudiantes. El Programa Nacional de Inglés cayó 32% y las universidades autónomas, 29%. Sólo crecieron becas mal focalizadas, incapaces de frenar la caída de matrícula y la inequidad.

Tercero, la imposición ideológica en planes y libros de texto. Se cancelaron materiales elaborados con amplio consenso entre expertos, docentes y padres de familia, para sustituirlos por contenidos de baja calidad orientados más a la propaganda que al aprendizaje.

La destrucción educativa es consecuencia del proyecto populista de Morena que privilegia la dominación sobre la vida independiente.

El primer paso para una reconstrucción liberal de México tendrá que ser la nueva edificación de las instituciones educativas arrolladas por Morena.