La Fundación Santander asumirá la gestión de la colección que reúne 68 piezas maestras de figuras como Frida Kahlo, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y María Izquierdo
La Fundación Santander asumirá la gestión de la colección que reúne 68 piezas maestras de figuras como Frida Kahlo, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y María Izquierdo

Tras casi 20 años de ausencia en recintos nacionales, la emblemática Colección Gelman se expone de nuevo en México. La exposición “Relatos modernos”, inaugurada el pasado 17 de febrero en el Museo de Arte Moderno (MAM), reúne 68 piezas maestras de figuras como Frida Kahlo, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y María Izquierdo.
Sin embargo, lo que debió ser una celebración por el retorno de una de las colecciones de arte mexicano más importantes del siglo XX a los museos nacionales se ha transformado en una de las crisis institucionales más agudas para la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL).
Conforme han pasado las semanas la polémica en torno de la colección ha venido escalando tras el anuncio de que la Fundación Banco Santander asumirá la gestión, conservación e investigación del acervo de 160 obras. De esta forma, gran parte de este patrimonio será trasladado a España en junio de 2026 para iniciar una itinerancia internacional, lo que ha despertado temores sobre su permanencia definitiva fuera de México.
Quienes han dado la alerta han sido más de 200 profesionales del arte. En una carta abierta dada a conocer el pasado 10 de marzo, en la cual acusan al INBAL de "opacidad" y de un "mal uso de la ley" en la gestión de la colección.
Expertos y críticos señalan que el deseo original de Jacques y Natasha Gelman era que el acervo se exhibiera de forma permanente en México, voluntad que parece haberse ignorado tras años de litigios y la posterior venta de la colección por parte de su albacea, Robert Littman, a una familia de Monterrey.
Previamente, algunas obras protegidas por la ley, como piezas de María Izquierdo y David Alfaro Siqueiros, intentaron ser subastadas en Sotheby’s de Nueva York, evidenciando la fragilidad del control gubernamental sobre el acervo.
“Nadie pone en duda –dice el documento suscrito por miembros de la comunidad cultural– que el cambio de propietario sea un asunto que compete estrictamente a particulares; sin embargo, el destino de la obra amparada por esos decretos –y por los cuales el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura está llamado a tomar medidas para asegurar su conservación y custodia–, nos atañe a todos”.
La comunidad cultural ha señalado la opacidad que hay en el convenio firmado entre los propietarios (familia Zambrano), la Fundación Santander y el Estado, cuestionando quién será el responsable directo del resguardo de las obras fuera de México.
Existe, pues, un fundado temor de que la salida del país de 28 piezas con declaratoria de Monumento Artístico (incluyendo obras de Frida Kahlo y Diego Rivera, que son el centro de la colección) siente un precedente de desprotección del patrimonio nacional.
La colección, iniciada en la década de 1940 por Natasha y Jacques Gelman, ha pasado por un complejo laberinto legal y comercial. Tras ser adquirida en 2023 por la familia Zambrano (fundadores de Cemex), su gestión quedó recientemente a cargo de la fundación del banco Santander.
Al finalizar su estancia en México, se tiene previsto que el grueso de las obras viaje a España para la inauguración del Faro Santander en junio, lo que preocupa a los críticos de cómo han venido actuando las autoridades culturales del páis.
Ante las críticas por la falta de acuerdos testamentarios que garanticen que la colección se quede en el país —un deseo expresado en vida por los Gelman—, la directora del INBAL, Alejandra de la Paz, aclaró que la dependencia no tiene facultades para intervenir en testamentos entre particulares.
Asimismo, De la Paz ha sido tajante respecto a la imposibilidad de que el Estado adquiera la colección. Con un presupuesto asignado al INBAL de apenas 985.5 millones de pesos para 2026 (una cifra en descenso), la compra de un acervo valuado en cientos de millones de dólares resulta inalcanzable para las arcas públicas.
El INBAL ha intentado calmar las aguas garantizando que la colección "se queda en México" y que el convenio firmado con la Fundación Santander permite al instituto mantener control sobre el estado físico de las obras y sus permisos de salida.
No obstante, la comunidad artística insiste en que las autoridades "dejaron ir" la colección al no adquirirla cuando hubo oportunidad, permitiendo que un tesoro cultural de valor incalculable quede sujeto a intereses privados y estrategias bancarias internacionales.
Lo cierto es que a medida que se acerca la fecha del traslado a España, la presión sobre las autoridades culturales aumenta. Para muchos, la exposición de este acervo en el Museo de Arte Moderno no ha marcado su regreso sino su despedida del país.
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