Madrid.- La izquierda global pasó -sin escalas- de su ridícula aventura naval hacia Gaza en apoyo al grupo terrorista Hamás, a defender a todo pulmón al impresentable y terrible régimen de los ayatolas en Irán. Como si tales numeritos no bastaran, ahora decidieron navegar hacia Cuba, en un raquítico barquito bautizado como Granma 2.0. A bordo, arribaron a La Habana los turistas revolucionarios con sus camisetas del Che Guevara y sus pañoletas y banderitas palestinas. No podían faltar los disfraces…
Para dar testimonio de este espectáculo, nadie mejor que Pablo Iglesias, exlíder de Podemos (partido político español en decadencia), personaje que sabe disfrutar de la buena vida y de los recursos económicos que diversos gobiernos le proveen (disfrazados de contratos periodísticos) para sus fines políticos y personales. Pablo se instaló en un hotel de lujo cubano y se grabó paseando por la Plaza de la Revolución y realizó una larga entrevista -a modo, claro está- al dirigente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, para mostrar al mundo una isla víctima de Trump y del reiterado “bloqueo” norteamericano, pero haciendo de lado la realidad antidemocrática de Cuba, la carencia de toda clase de libertades y la brutal represión y violación de los derechos humanos.
Claro que en esa estrategia propagandística a favor del régimen de Fidel y Raúl Castro, así como de Díaz-Canel, no podía faltar la imagen y la voz de la histérica sueca Greta Thunberg y su narcisismo (si va a un funeral quiere ser más importante que el difunto) que le ha posicionado como un comodín de promoción de la izquierda global para las más variadas causas.
Y como todo espectáculo requiere del arte, nadie mejor que Silvio Rodríguez, cantautor de la llamada “nueva trova revolucionaria” de Cuba. Este personaje pidió en redes sociales al gobierno cubano le fuera proporcionado un fusil AKM con el que estaría dispuesto a pelear y dar la vida, ante una supuesta invasión norteamericana. Obviamente su voz fue escuchada y las autoridades de la isla le organizaron de inmediato un pomposo evento para la entrega del armamento solicitado.
Y estos espectáculos no son nuevos. Basta recordar que en México tuvimos no pocos años de turismo revolucionario en torno al otrora bufón denominado “Subcomandante Marcos”, en Chiapas.
Ante la actual coyuntura, Andrés Manuel López Obrador, el máximo farsante mexicano, decidió organizar una colecta bancaria para recaudar fondos a favor del régimen, no del pueblo cubano. Conocidas son las chapuzas que organiza AMLO, como la “rifa” del avión presidencial, cuyos recursos “desaparecieron” por arte de magia.
Hay que ser claros. En primer término, quiero decir que no me agrada Donald Trump y aunque celebro la caída de diversos tiranos, rechazo la violación de este personaje al derecho internacional en muchas de sus acciones alrededor del mundo. En segundo término, deseo expresar también lo siguiente:
hoy, ni un dólar para Cuba, porque sería seguir sosteniendo a esa brutal dictadura.
Una vez que ese régimen represor haya caído, todos los demócratas del mundo deberemos acudir al merecido, generoso e impostergable rescate del pueblo cubano.
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