Estamos instalados, desde algunos hace años, en una “Fridamanía” que ha permitido construir a un personaje mítico y de culto para muchas personas que tal vez nunca han visto un cuadro de Frida Kahlo.
Tengo que confesar, a riesgo de que sus “fans” me linchen, que a mí Frida no me gusta, me parece una pintora sobrevalorada.
Frida fue esposa, dos veces, de Diego Rivera, ella lo conoció cuando él ya era un artista con reconocimiento internacional por méritos propios. Diego fue un grandísimo pintor; cubista, impresionista, magnífico retratista y uno de los muralistas más importantes del siglo XX.
Los dos coincidían en los temas políticos de su tiempo, ambos eran declarados comunistas y admiradores de Stalin y la Unión Soviética. Ella siempre fue más radical que Diego, quien terminaría por distanciarse del Partido Comunista.
La vida de Frida fue sin duda muy compleja y azarosa y se convirtió en símbolo de muchas luchas que podrían explicar su estatus actual: feminista de avanzada, precursora de una identidad mexicana diferente, superación y resiliencia ante la enfermedad y otras banderas que la transformaron en un personaje icónico.
¿Pero todo eso es suficiente para considerarla una pintora a la altura de Leonora Carrington, Remedios Varo o María Izquierdo? En mi opinión, no.
¿Si Frida no hubiera conocido a Diego Rivera tendría la fama y el reconocimiento que hoy tiene? Seguramente no.
Claro que Frida tiene méritos artísticos, pero no para que se pretenda ubicarla en el mundo del arte por encima del mismo Rivera o de pintores como Orozco o Tamayo. Es absurdo, pero explicable.
El marketing alrededor de Frida ha sido muy eficaz, creando una narrativa trágica y heroica alrededor de su vida a un punto tal que han creado un mito intocable, pero sobre todo muy rentable; hoy en cualquier lugar te encuentras libros, posters, camisetas, abanicos, tazas y cualquier artículo donde se pueda estampar su imagen.
El propietario de la imagen de Frida en todo el mundo es Frida Kahlo Corporation (fridakahlocorporation.com) y sus dueños son: el venezolano Carlos Dorado (51%) y los descendientes de Isolda Pineda Kahlo (49%). Estoy seguro de que estas ilustres personas no actúan sólo por interés sino por el capital. Le sugiero ver la página web y verá cómo se construye una marca. ¿Estaría Frida de acuerdo?
La misión de la corporación es difundir la “imagen” de Frida, hay que reconocer que lo han logrado; hoy parece más relevante la uniceja y el mostacho de Frida que su obra artística.
Vistos los primeros cuadros de Frida y su obra posterior no tengo duda de que la mano de Diego Rivera tuvo algo que ver.
No cuestiono ni la vida ni siquiera la obra de Frida, pero me parece que el marketing ha deformado a una pintora buena e interesante para reducirla a una marca exitosa. Poco más.
Pancho Graue
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