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En el #8M, Sheinbaum se rodea de militares, omite a madres buscadoras, a asesinadas y desaparecidas

Crédito: Presidencia de México.

Rodeada de militares, resguardada en Campo Marte y con un discurso feminista, pero sólo para las mujeres de la historia y las que son parte de las fuerzas armadas, la presidenta Sheinbaum pretendió acaparar la conmemoración por el Día Internacional de las Mujeres, pero con el Ejército de la mano.

Mientras miles caminaban hacia el Zócalo --ocupado por un muro de acero puesto por su gobierno--, y otros miles en la mayoría de los estados del país, la presidenta conmemoró en el seno militar para decir “todo lo que las mujeres pueden ser todo, pueden ser presidentas y también pueden servir en las fuerzas armadas de México”.

Durante el discurso de la presidenta, en el que se dedicó a hablar de las mujeres heroínas de la historia de México y de las que ahora son militares, no hubo una sola mención a las madres buscadoras, a las mujeres discriminadas, a las indígenas, a las madres solteras, a las mujeres violentadas o a las desaparecidas.

El discurso presidencial reivindicó una narrativa heroica de las mujeres mexicanas. “Las mujeres mexicanas hemos sido y somos tejedoras de la patria”, dijo la presidenta al evocar a figuras históricas como Leona Vicario o Josefa Ortiz de Domínguez. La frase buscaba subrayar el papel fundamental de las mujeres en la construcción del país.

Precariedad que pega al género

Pero fuera del Campo Marte, la realidad de millones de mexicanas tiene mucho de precariedad estructural. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las mujeres realizan el 73% del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado en México.

Ese trabajo invisible equivale a cerca del 26% del Producto Interno Bruto, una aportación económica mayor que la de sectores completos de la economía formal. Sin embargo, ese esfuerzo cotidiano sigue sin reconocimiento salarial ni protección social.

La presidenta también afirmó que “cuando una mujer avanza, avanzamos todas”. La frase resume una de las aspiraciones centrales del feminismo contemporáneo: que los avances individuales se traduzcan en progreso colectivo.

Sin embargo, los indicadores laborales muestran que ese avance es desigual. Según datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), las mujeres en México ganan en promedio 14% menos que los hombres por trabajos equivalentes. Además, su participación en el mercado laboral ronda el 46%, muy por debajo de la masculina, que supera el 75%. En puestos directivos, apenas una minoría de empresas está encabezada por mujeres.

La desigualdad económica convive con otra crisis aún más profunda llamada violencia de género.

Fotos: Florencia Bosisio

“Sigamos construyendo un México donde ninguna mujer tenga límites”, dijo la presidenta y habló de mujeres valientes que construyen el país, pero omitió uno de los datos más alarmantes del presente. En México, en promedio, diez mujeres son asesinadas cada día, de acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

A esa violencia se suma una tragedia que atraviesa al país desde hace más de una década: la desaparición de mujeres y niñas, de la que Sheinbaum no dijo ni una palabra y que según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas documenta 27 mil casos de mujeres cuyo paradero se desconoce.

En muchos de esos casos, son las madres —las llamadas madres buscadoras— quienes han asumido la tarea de rastrear fosas, organizar brigadas de búsqueda y exigir justicia.

Ninguna de ellas apareció en el discurso presidencial.

Tampoco estuvieron presentes las mujeres indígenas, quienes enfrentan condiciones de pobreza y exclusión desproporcionadas; ni las madres solteras que encabezan millones de hogares; ni las trabajadoras que padecen violencia laboral o económica.

Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) del INEGI, siete de cada diez mujeres en México han experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Esa violencia puede ocurrir en el hogar, en el trabajo, en la escuela o en el espacio público.

“La igualdad no es un favor, es un derecho”, afirmó la presidenta en otro momento de su discurso. Es una frase contundente y difícil de discutir. El problema es que, para millones de mexicanas, ese derecho todavía no se traduce en condiciones materiales de igualdad.

México ha avanzado de manera notable en la representación política femenina. El país tiene hoy una presidenta, pero la igualdad institucional no siempre se traduce en igualdad cotidiana.

El contraste entre el discurso pronunciado en Campo Marte y la marcha que avanzaba hacia el Zócalo es una metáfora de ese desfase. Mientras en el acto oficial se exaltaba la historia de heroínas y el orgullo de las mujeres militares, en las calles miles de mujeres recordaban los nombres de las asesinadas, las desaparecidas y las que siguen esperando justicia.

Entre la narrativa de un país que “tejen las mujeres” y la realidad de quienes buscan a sus hijas en fosas clandestinas, persiste una tensión que cada 8 de marzo vuelve a colocarse en el centro del debate público.

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