Morena nació y creció multiplicando expectativas y sumando diversos “movimientos” bajo la lógica, muy torcida, de que prometer no empobrece. Y lo prometieron todo, hasta lo imposible, como ordena el manual del buen populista.
López Obrador prometió que la economía mexicana crecería a un promedio anual del 4%, e incluso, por qué no, alcanzaría el 6% hacia el final de su mandato; que el litro de gasolina costaría alrededor de 10 pesos; que el ejército se retiraría de las calles en un plazo de seis años y el país sería pacificado; que contaríamos con un sistema de salud pública gratuito y de primer nivel, ni más ni menos que como el de Dinamarca; que en sus obras de infraestructura no se tiraría un solo árbol y se respetarían las normativas ecológicas; que acabaría con la corrupción…
Hoy sabemos –y quien no lo sabe es porque no quiere saberlo– que todas estas fueron viles mentiras: crecimos por debajo del 1%; la gasolina Magna, que comenzó el sexenio promediando los 19 pesos finalizó rebasando los 24; el país se militarizó y, como nunca, la violencia se convirtió en nuestra seña de identidad mundial; el sistema de salud público vive un colapso ya crónico; el Tren Maya, por poner el ejemplo más terrible, fue y sigue siendo una salvajada contra nuestro patrimonio natural y las especies que lo habitan; y de la corrupción, ni hablar, AMLO y sus cleptócratas batieron todos los récords nacionales e internacionales asociándose, por si fuera poco, con el crimen organizado.
Incumplidas todas las promesas que le hicieron a los ingenuos mexicanos que votaron por ellos, ¿por qué iban a cumplir las que les hicieron a sus aliados? A los maestros de la CNTE López Obrador les prometió revertir la reforma educativa, y todavía en abril de 2024 la entonces candidata a la Presidencia, Claudia Sheinbaum, les aseguraba: “vamos a echar para atrás la reforma a las pensiones del 2007, que condenaron a las trabajadoras y trabajadores del Estado a pensiones de miseria”.
El expresidente López Obrador se comprometió también con los familiares de los 43 normalistas desaparecidos en 2014 a esclarecer los hechos y castigar a todos los responsables. En julio de 2024, ya como presidenta electa, Sheinbaum hizo suyo el mismo guión de su jefe y maestro: “hasta que se encuentre a todos los jóvenes, no debe cerrarse esa carpeta nunca”.
Viene la parte más fea de las promesas: su incumplimiento. A los maestros de la CNTE, a quienes por años su partido prohijó, Sheinbaum ahora les dice que su gobierno sólo tiene para mantenerles sus “jubilaciones de miseria”, porque “echar para atrás la reforma del 2007”, como les prometió, representa 20 puntos del PIB que por supuesto el Estado mexicano no tiene.
Y a los padres de los normalistas de Ayotzinapa –cuya bandera hizo suya Morena para atacar y desgastar al gobierno “neoliberal” en turno–, sólo les puede decir lo mismo de siempre luego de 12 años, mientras les decomisan decenas de explosivos pensaban usar en las protestas contra el gobierno “humanista” que ellos apoyaron.
A unas horas de que se inaugure el Mundial de Fufbol, el gobierno de Sheinbaum parece estar sobre el polvorín de las promesas no cumplidas. Y todo esto en medio de una economía prendida con alfileres, la presión de la justicia de EU contra varios gobernadores identificados como narcopolíticos y un país que no soporta más las despariciones, las corruptelas, la extorsión del crimen organizado y la de los cuerpos policiacos y Guardia Nacional documentada diariamente.
Es un hecho: prometer no empobrece, cumplir es lo que aniquila. Nos espera un Mundial donde no sólo va a rodar el balón, sino la escasa credibilidad que tiene el gobierno de Morena incluso con sus propios “compañeros de lucha”.
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