...

Información para decidir con libertad

El partido que más importa para México

México se está jugando el paso a la siguiente etapa; hay quien dice que ya es seguro que lo veamos compitiendo en lo que viene, pero los datos actuales nos obligan a dudar seriamente del resultado.

No me refiero a la siguiente fase del Mundial, la de dieciseisavos de final; venturosamente, esa participación ya está asegurada. Hablo en realidad del otro juego que no es nada divertido y sí muy trascendente, el que se centra en la siguiente fase de las negociaciones del T-MEC. Si el futuro de nuestro país depende de un encuentro, es de este, el que comienza su siguiente etapa el 1 de julio, misma semana en la que termina la fase de grupos y empieza la segunda ronda del Mundial FIFA 2026. La diferencia radica en la magnitud de lo que está en juego.

Para nuestro país, el partido que se dirime la próxima semana lo es todo en materia comercial. Sus socios comerciales Estados Unidos y Canadá tienen en mente otras estrategias que pudieran cambiar el rumbo y, por lo tanto, el futuro económico de México. En pocas palabras, los tres países estarán abriendo de forma virtual la ventanilla de la revisión formal del T-MEC, cumpliendo con el artículo 34.7 del tratado. Al comenzar la nueva fase de revisión formal trilateral, se deja atrás el periodo de diálogo y preparación para abrir oficialmente la “hoja de ruta” donde cada país pondrá sus cartas sobre la mesa. El dilema es claro, ya que se extiende el acuerdo automáticamente por 16 años, o entramos a un complejo y desgastante esquema de revisiones anuales por una década.

En la cancha de la vida real empezamos un proceso formal que determinará las reglas del juego de nuestro comercio con Estados Unidos, principalmente, y la estabilidad económica de las próximas décadas. El panorama no es sencillo; la agencia calificadora Moody's ya encendió las alarmas al advertir sobre la incertidumbre económica que azotará a México si este proceso se extiende más de lo debido. Las fricciones políticas y las posturas proteccionistas de ciertos sectores en Estados Unidos amenazan con alargar las mesas de negociación, lo que generaría una volatilidad financiera que terminará afectando directamente el bolsillo de los ciudadanos.

Lo que está en riesgo es 80% de las exportaciones de México, las cuales tienen como destino Estados Unidos, nuestro principal socio comercial, con el que tenemos un intercambio que supera los 800 mil millones de dólares anuales. Estamos hablando de que gran parte del producto interno bruto de nuestro país y de la recaudación fiscal del gobierno dependen de que este flujo no se detenga ni se encarezca con impuestos arancelarios. Sin la certeza jurídica que otorga el T-MEC, los proyectos de inversión extranjera vinculado al fenómeno del nearshoring podrían congelarse o buscar otros destinos, frenando el desarrollo nacional.

Ojalá y solo se tratara de goles, pero de esta nueva fase dependen sectores enteros como el automotriz, el aeroespacial, el agroindustrial con la exportación de hortalizas, frutas y bebidas, y la manufactura tecnológica que le da empleo a millones de mexicanos que aún no se enteran de que sus ingresos están jugándose con la renegociación de las reglas de este acuerdo.

El escenario de no llegar a un acuerdo después de 10 años, provocando que el T-MEC expire en 2036, es el más catastrófico de todos.

Esta negociación representa el encuentro clave para México, sobre todo para evitar perder poder adquisitivo y padecer más inflación. Es el que nos hace confiables y estables para que el peso no pierda valor frente al dólar, además de asegurar el crecimiento del empleo formal, la mejora salarial y la llegada de nuevas empresas globales.

Sin duda, el partido más importante que se juega México arranca la próxima semana y no será en una cancha de futbol…

Recomendar Nota

Facebook
X / Twitter
WhatsApp