El Museo Tamayo se mira a sí mismo: recorridos para descubrir su arquitectura

Además de las exposiciones permanentes y temporales, el recinto inicia el año con visitas para conocer a fondo el edificio y su historia

 

Antes de entrar a una exposición, el Museo Tamayo invita a detenerse en algo que suele pasar desapercibido: el propio edificio. Cada sábado, a las 12 del día, el recinto abre un recorrido gratuito para explorar su historia, su diseño y las decisiones arquitectónicas que lo convirtieron en uno de los espacios culturales más reconocibles de la Ciudad de México.

Rufino Tamayo en el Museo de Arte Contemporáneo Rufino Tamayo

Inaugurado en 1981, el museo no solo alberga arte contemporáneo: también es, en sí mismo, una pieza fundamental del paisaje urbano. Las visitas proponen un viaje por los antecedentes que dieron origen al proyecto, las influencias que marcaron su diseño y los materiales que lo definen, además de abordar el proceso de ampliación y los detalles estructurales que suelen pasar inadvertidos para el público general.

“El objetivo es que las personas entiendan el museo como una obra artística y como parte del patrimonio arquitectónico de la ciudad”, explica Fernanda Torres, integrante del equipo de mediación. No es un dato menor, por este proyecto, los arquitectos Teodoro González de León y Abraham Zabludovsky recibieron en 1982 el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes.

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El interés por estos recorridos no es casual. La arquitectura del Tamayo atrae desde hace años a estudiantes, investigadores y visitantes frecuentes, lo que motivó la creación de estas visitas pensadas para públicos no especializados. Detrás del edificio hay una historia de experimentación y búsqueda: la construcción tomó siete años, durante los cuales sus autores viajaron por distintos países para conocer propuestas contemporáneas que luego reinterpretaron con materiales nacionales.

El resultado fue un edificio con ecos prehispánicos y modernos, una mezcla que González de León describía como un “collage”. Para ambos arquitectos, la arquitectura debía entenderse como escultura, como una pieza más dentro de la colección. El Tamayo forma parte de una generación de museos —junto al Museo de Arte Moderno y el Museo Nacional de Antropología— concebidos desde el inicio como espacios de exhibición y no como edificios adaptados.

Foto: Arturo López.

El museo también es reflejo de un momento clave del país, el México moderno de finales del siglo XX, marcado por el auge económico, los Juegos Olímpicos y el Mundial de Futbol de 1970. Algunos especialistas lo ubican dentro del llamado brutalismo mexicano, una etiqueta discutida, pero ineludible cuando se observa su concreto martelinado, presente también en inmuebles como el Auditorio Nacional, El Colegio de México o la Universidad Pedagógica Nacional.

Esa técnica, aprendida por González de León en el taller de Le Corbusier, se convirtió en su sello personal y le valió el apelativo de “poeta del concreto”. Hoy, décadas después, el Museo Tamayo invita a recorrer esa poesía desde sus muros.

Las visitas están recomendadas para personas a partir de los 12 años. El museo se ubica en Paseo de la Reforma s/n, esquina con Gandhi, en la primera sección del Bosque de Chapultepec.