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El embuste del bloqueo en Cuba

Querer “desbloquear” a Cuba es pretender abrazar las reglas del libre mercado.

El heredero de los tiranos castristas en Cuba, en funciones de presidente, Miguel Díaz-Canel, encabezó el martes pasado por la noche una “multitudinaria” marcha juvenil para conmemorar otro aniversario del natalicio de José Martí.

Díaz-Canel, como es tradición, llegó a la escalinata de la universidad, para caminar en memoria del libertador de Cuba, como lo hacía Fidel Castro. Inflamados de “soberanía” con sus discursos (como aquí Morena), culpando a otros de sus fracasos, a los “yanquis” en Cuba, como aquí Morena, a Felipe Calderón, Hernán Cortés, y a los “privilegiados”, a los que siguen apapachando en cuanto se apagan las cámaras de las mañaneras presidenciales.

Es cierto que José Martí quería una “América nuestra”; es cierto que quería la unidad de los pueblos latinoamericanos contra la Doctrina Monroe, tan de moda hoy con Donald Trump, y es cierto que admiraba el valor y la visión de Carlos Marx, pero también es cierto que no le gustaba el odio, la lucha de clases, la división que provocaban sus teorías entre obreros y propietarios. Martí nunca estuvo en contra de la iniciativa, el esfuerzo y mérito individual, ni de la propiedad privada.

Ahora bien, a Cuba lo bloquean los mercados o se aísla con su gobierno sin límites. ¿Ese bloqueo a la isla es la causa del atraso o el gobierno totalitario? Pensemos un momento. ¿Qué es ese bloqueo? El bloqueo a Cuba no es otra cosa que el impedimento, las trabas, que le pone Estados Unidos y que se autoimpone Cuba con su modelo económico para comerciar libremente; es decir, el bloqueo debería servir para mostrar que el nacionalismo, el soberanismo, el castrismo o el Partido Comunista solito es la manera de mejor vivir en Latinoamérica. Si los médicos cubanos en México nos van a cuidar la salud como la guardia presidencial cubana de Nicolás Maduro, estamos fritos.

Reclamar y culpar al “bloqueo cubano” equivale a abrir Cuba al libre mercado, aceptar que se pueda comerciar y acumular propiedad privada, que se puedan obtener ganancias, que haya trabajadores que inviertan capital, y obreros que accedan a participación de utilidades. Y eso aquí y en China (literalmente) es capitalismo puro. Liberalismo. Globalización.

El bloqueo cubano es la muestra del fracaso de esa política económica de levantar muros nacionalistas, con pretextos ideológicos al libre tránsito de personas, servicios y mercancías. ¿Eso quieren los cubanos? No creo. Pero en el fondo muchos morenistas que todavía viven en la borrachera nacional-marxista sí lo sueñan. Son los que quieren de dientes para afuera un Tratado de Libre Comercio como el que firmó Carlos Salinas de Gortari, pero que en ese momento y en el fondo de su rojo corazón repudian. Por eso no son confiables. Por eso tienen que mandar al más salinista de los morenistas a Washington: Marcelo Ebrard.

El bloqueo en Cuba es el gran garlito para que el castrismo les dé atole con el dedo a sus ciudadanos. Al desbloquear La Habana, ¿aceptarán a McDonalds, Starbucks, Walmart? “No aceptamos cadenas nuevas ni viejas”, grito la presidenta de los estudiantes. Ajá. Creo haría mejor en gritar por una cadena de supermercados, y la libertad de comprar, que eso defiende el tratado que México ruega firmar a Estados Unidos.