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El desgaste del octavo año

Un año y medio de gobierno y la presidenta Sheinbaum perdió el apoyo de la mayoría de la población: sólo 47 por ciento la aprueba, según la firma internacional Morning Consult.

Van dos meses consecutivos que Morning Consult la pone por debajo de los 50 puntos de aprobación, y nadie puede decir que tiene sesgo contra Morena, pues sus encuestas las presumía López Obrador con regularidad.

Ya no es un asunto de comunicación, sino de resultados de su gestión al frente del gobierno.

Las maromas y engaños de su antecesor gastaron la credulidad de buena parte de la población que compró el cuento de que los conservadores frenaban la transformación prometida.

Hoy la presidenta tiene todo el poder, gobierna sin contrapesos y la ineficacia del proyecto morenista se siente en los bolsillos y en la seguridad.

De acuerdo con la encuesta publicada por El Financiero la semana pasada, la inseguridad se disparó de 60 a 79 por ciento como el problema número uno del país.

Se acabaron los pretextos y se van acabando los ingenuos.

El gobierno no puede alegar que el Congreso frena su proyecto para militarizar la seguridad pública. Ya lo logró.

Ni que el Poder Judicial esté al servicio de poderosos y delincuentes. Morena ya puso a ministros y a jueces.

No puede argumentar que está limpiando la herencia de su antecesor, porque el antecesor es el padre del movimiento que nos gobierna.

Ya no sirve la propuesta redentora de que se necesitan becas y sembrar árboles para nulificar el atractivo de entrar a grupos criminales. Van casi ocho años de vigencia de esos programas.

En economía también lo tiene todo en sus manos y no puede con la inflación en alimentos (el jitomate ha subido de precio como no se conocía desde 1983).

Somos el segundo importador mundial de maíz (éramos autosuficientes en maíz para consumo humano).

El reparto de dinero se financia con deuda.

La economía del país no crece.

Cada mes hay menos empresarios en la formalidad y el empleo cae.

La mayoría de los medios de comunicación está con la presidenta y la baña de elogios hasta por banalidades.

Se acabaron los pretextos para dar resultados.

La gente, sin embargo, comienza a percibir que el gobierno no funciona.

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