En Venezuela ya hay un presidente electo que ganó los comicios de 2024 con cerca de 70% de los votos y se llama Edmundo González Castrejón, quien tuvo que dejar su país por las amenazas de Maduro.
En Venezuela ya hay un presidente electo que ganó los comicios de 2024 con cerca de 70% de los votos y se llama Edmundo González Castrejón, quien tuvo que dejar su país por las amenazas de Maduro.
El 2026 será recordado como el año en que se acabó la dictadura en Venezuela ya que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió capturar a Nicolás Maduro con una extracción militar impecable y trasladarlo desde el Palacio de Miraflores hasta la prisión en Nueva York. De ninguna manera soy fan del multimillonario, pero debo reconocer que celebré dicha hazaña. Nadie más que el osado inquilino de la Casa Blanca podría haberlo hecho. El ejército y el equipo de Marco Rubio, secretario de Estado, planearon el golpe maestro. ¡Bravo!
A la que le cayó de maravilla el megamovimiento en el gobierno de Caracas fue a Delcy Rodríguez, exministra del Interior y ahora presidenta y abanderada del chavismo. Después de hablar pestes del “imperialismo yanqui”, le bajó dos rayitas y ahora es amiga del presidente con piel naranja, se tutean y hablan por teléfono conversaciones que duran horas. Son íntimos.
La nueva “presidenta” se ve muy cómoda en su lugar al frente del país que fue devastado por Maduro. Recordemos que durante su gobierno cerca de ocho millones de venezolanos dejaron atrás su país, su tierra, su familia, su casa y casi todas sus pertenencias en busca de cielos más seguros. Además, según datos de la ONU, dentro del país otros ocho millones de personas tienen necesidad “urgente” de ayuda humanitaria. Es decir, que necesitan agua potable, alimentos, servicio médico, medicinas, refugio y un largo etcétera. Pero, ¡oh sorpresa!, Rodríguez no los deja entrar al país a pesar de que son los únicos que podrían llevar ayuda a Venezuela e implementar un programa eficiente para ofrecer cierto alivio a los más vulnerables, que no son pocos.
Por un lado, Trump está feliz porque Maduro está tras las rejas y ahora podrá disponer del petróleo del país y, por su parte, la nueva presidenta empieza a sentir las mieles del poder y se siente muy cómoda en el Palacio de Miraflores dirigiendo el futuro de millones de personas. ¿Qué podría salir mal?
Resulta que tanto Trump, como Rubio y Rodríguez tienen corta memoria. En Venezuela ya hay un presidente electo que ganó los comicios de 2024 con cerca de 70% de los votos y se llama Edmundo González Castrejón, quien tuvo que dejar su país por las amenazas de Maduro. Y su compañera de fórmula, María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz quien ha sido designada vicepresidenta de Venezuela y que vivió escondida por más de un año por las amenazas del dictador.
Así que Edmundo y María Corina son los que deben ocupar el lugar que les corresponde en Caracas para empezar a gobernar porque así lo decidieron millones de venezolanos. Cualquier comunicación que Trump quiera tener con Venezuela tendría que ser con alguno de ellos. Es claro que a María Corina no la ve con buenos ojos porque siente que le quitó el Nobel y a Edmundo prácticamente no lo conoce. En estos días María Corina se encuentra de gira por varias capitales europeas y su primera parada ha sido en el Vaticano en donde le pidió al Papa que interceda por la liberación de los presos políticos, entre ellos Rafael Tudares, yerno de Edmundo, y por la transición de Venezuela.
Es urgente que Washington avale al nuevo gobierno de Venezuela y de marcha para adelante, porque quizá no sabe o no le han dicho que los chavistas suelen ser traicioneros y su única lealtad es con Cuba y lo que les dictan desde Moscú.
En estos momentos lo más deseable es que Trump se reúna con Edmundo en la Casa Blanca para contar con el apoyo del pueblo venezolano, con Naciones Unidas y la comunidad internacional. Que no se equivoque.