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¿Dictadura? ¿Toma del país por Trump? ¿Las dos cosas?

Para la presidenta parecería no haber más posturas a la vista que apoyar el proyecto dictatorial del régimen o desear la intervención armada de Estados Unidos y su control colonial sobre la nación. Ese cauce toma ahora la polarización de los mexicanos emprendida por el poder: o estás con la dictadura o deseas la intervención extranjera: la ‘guerra-civilización’ del debate acuñada por Savater y recordada ayer aquí por Pablo Hiriart.

Dos plagas. El detalle está en que, por una parte, Venezuela está mostrando que no son excluyentes la toma del mando del país, y de sus recursos, por Trump, y, a la vez, la conservación de la estructura dictatorial y de su personal sobre los venezolanos. Si atendemos a la puntual emulación del régimen mexicano de los pasos que aplastaron la democracia venezolana, se podría aventurar la hipótesis de que, llegada a México la actual eventualidad trágica
-y remota, esperemos- no faltaría aquí personal de la 4T dispuesto -como los jerarcas chavista-maduristas- a continuar en sus puestos bajo mando colonial.

Opciones. Pero, como lo puntualizó el lunes Mauricio Merino en El Universal, “no estamos condenados a optar entre emperadores (Trump, Xi Jinping y Putin), ni a elegir entre imperio y dictadura”. Y menos a franquearle el paso a las dos calamidades a la vez, como ocurre en Venezuela.

¿Encorvándonos? Mary Anastasia O’Grady lleva 27 años en el Consejo Editorial del Wall Street Journal. Allí es una columnista radial de derecha, al extremo, a veces, de distorsionar, a mi juicio, decisiones nacionales de nuestros países. Sin embargo, dio con un verbo de precisión al preguntarse en su columna del domingo si México se está “encorvando” (‘slouching’) hacia Venezuela. Sobre todo, si la advertencia sobre esa malformación de la columna vertebral del país incluye un escenario con un desenlace parecido al del 3 de enero.