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Departamento de Justicia de Estados Unidos persigue flujo de dinero de los cárteles mexicanos

Las organizaciones criminales han sofisticado sus tácticas para distribuir las ganancias del narco desde ciudades estadounidenses

El Departamento de Justicia de Estados Unidos sigue el rastro del dinero de los cárteles mexicanos, poniendo atención en intermediarios que presuntamente utilizan criptomonedas para mover las ganancias del narcotráfico desde ciudades estadounidenses hasta los líderes de esas organizaciones en México, ante el endurecimiento de la vigilancia oficial.

De acuerdo con las autoridades, las organizaciones criminales han sofisticado sus tácticas para distribuir las ganancias del narco desde ciudades estadounidenses hacia los grupos delictivos.

En lugar de centrarse en los traficantes de menor rango, los fiscales apuntan a los presuntos intermediarios financieros, que consideran un eslabón crucial para que los cárteles mantengan sus operaciones mientras las autoridades intensifican la vigilancia sobre las rutas de droga más visibles.

Altos funcionarios afirman que el traslado de figuras de las organizaciones criminales a  Estados Unidos tiene como objetivo hacer más que enviar un mensaje disuasorio.

Trabajo a marchas forzadas

Durante el segundo mandato del presidente Donald Trump, el Departamento de Justicia ha reestructurado la División Criminal para integrar a los fiscales de narcóticos con expertos en lavado de dinero para apuntar mejor a los cárteles y reflejar un cambio más amplio.

Entre los criminales trasladados hay presuntos intermediarios financieros residentes en México, quienes -aseguran las autoridades- supervisan el movimiento de las ganancias del narcotráfico y obtienen un porcentaje del dinero.

El caso más reciente asociado con el narcotráfico es el del canadiense Ryan Wedding, quien fue capturado el pasado 22 de enero en suelo mexicano. Las autoridades estadounidenses lo acusan de liderar un grupo criminal desde México en alianza con el Cártel de Sinaloa.

Antes de su arresto, el FBI lo consideraba uno de los 10 fugitivos más buscados, ofreciendo una recompensa de 15 millones de dólares por información que llevara a su captura.