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Delcy Rodríguez, el juego de doble agente y la sobrevivencia negociada en Venezuela

La presidenta interina habría pactado meses antes el cambio de mando en su país con altos mandos de Washington

En la intrincada política venezolana, la lealtad suele ser una moneda de cambio con fecha de caducidad. El ascenso de Delcy Rodríguez a la presidencia interina de Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro a manos de fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero, no fue un accidente del destino ni un vacío de poder fortuito.

Fue el resultado de una operación de filigrana diplomática y conspiración interna que se gestó durante meses bajo el sol de otoño y en los despachos más influyentes de Washington.

Mientras el discurso oficial del Palacio de Miraflores clamaba resistencia contra el "imperio", en las sombras, la entonces vicepresidenta ejecutiva ya había trazado su propia ruta de escape.

Según revelaciones de The Guardian y fuentes diplomáticas, Rodríguez inició contactos con la administración de Donald Trump meses antes del derrocamiento.

La narrativa de la "lealtad inquebrantable" se desmoronó en diciembre. "Maduro se tiene que ir, colaboraré con lo que venga", habría asegurado Delcy a sus interlocutores estadounidenses, han revelado varias fuentes a The Guardian.

Su pragmatismo superó la ideología, ya que por interés personal garantizó una transición pacífica y el acceso a los recursos energéticos del país a cambio de su supervivencia política.

No estaba sola en este giro; el "número dos" del chavismo, Diosdado Cabello, también mantenía su propia línea de comunicación con la Casa Blanca, asegurando que el aparato represivo no se interpondría en la captura del mandatario.

El perfil de una "aliada improbable"

Delcy Rodríguez, de 56 años, es una figura de contrastes profundos. Marcada por la muerte de su padre socialista bajo custodia policial cuando era niña, construyó una carrera basada en un antiimperialismo feroz que, paradójicamente, terminó en una alianza estratégica con sus antiguos enemigos.

Sus negociadores en Washington, incluido un inicialmente reticente Marco Rubio, terminaron sucumbiendo ante lo que describen como sus "rarezas encantadoras".

Entre partidas de ping-pong con su entrenador personal y copas de champán, la mujer que desafiaba a mandatarios extranjeros convenció a la Casa Blanca de ser la "alternativa menos mala".

Su fluidez con el sector petrolero estadounidense terminó por sellar el trato y ella era la llave para estabilizar los mercados en una Venezuela post-Maduro.

El expediente de la DEA

Sin embargo, el nuevo título de presidenta interina no ha borrado el expediente que la Administración de Control de Drogas (DEA) ha tejido pacientemente desde 2018. Aunque Trump la califica hoy como una "persona estupenda", los archivos de inteligencia cuentan una historia diferente.

Rodríguez fue catalogada como "objetivo prioritario" en 2022, una designación reservada para aquellos con un impacto significativo en el tráfico transnacional de drogas. Los señalamientos son graves:

  • Lavado de Activos: Informantes vinculan sus propiedades y hoteles en la Isla de Margarita como fachadas para blanquear dinero del narcotráfico.
  • Contrabando de Oro: Investigaciones en curso rastrean su participación en la extracción y comercialización ilegal del metal precioso.
  • Conexión Saab: Se le vincula estrechamente con el esquema de negocios de Alex Saab, el presunto testaferro de Maduro, en contratos gubernamentales opacos.

Incluso agentes veteranos como Rob Zachariasiewicz son tajantes: "Delcy Rodríguez ha formado parte de esta organización criminal".

Para la justicia estadounidense, ella no es una heroína de la democracia, sino una pieza de un "régimen híbrido delictivo" que supo negociar a tiempo.

El Círculo de Poder y la Espada de Damocles

Hoy, instalada en el poder bajo la vigilancia de la CIA y el respaldo condicional de Washington, Rodríguez gobierna sobre un país volátil. Su ascenso ha dejado intacto el aparato de seguridad que ella y Cabello controlan, pero su estabilidad es precaria.

La administración Trump ha dejado claro que su apoyo tiene un precio que implica acceso total a las reservas de petróleo y una sumisión absoluta a los intereses de seguridad regional.

Como señalan analistas de InSight Crime, el sistema no ha cambiado, solo ha cambiado de administrador. Delcy Rodríguez, la mujer que juró vengar a su padre contra el imperio, es hoy la pieza central de su tablero en el Caribe, con un expediente de la DEA guardado en un cajón, listo para ser reabierto si decide dejar de colaborar.