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Cuando Silvio Rodríguez no cantó en la UNAM

El CEU invitó a Silvio Rodríguez a cantar en la explanada de la Torre de Rectoría. Aquello habría sido masivo, porque la nueva trova tenía arraigo en la comunidad estudiantil y más aún en los activistas.

Pero no se pudo, Silvio nunca llegó a la cita. La explicación, más o menos aceptada, es que funcionarios públicos y en particular en la Secretaría de Gobernación veían la posibilidad como un espanto. En 1987, Manuel Bartlett era el responsable de la política interna, y tenía una bien ganada fama de intransigente y contrario a cualquier movimiento social y en particular a los estudiantiles que, como se sabe, suelen ser impredecibles.

Es más, durante la marcha del CEU al Zócalo, el rector de la UNAM, Jorge Carpizo, le pidió al presidente de la República, Miguel de la Madrid, el estar de modo presencial en la vieja casona de Bucareli, “para evitar sorpresas”. Carpizo no confiaba nada en Bartlett y hacía bien.

La presidenta Claudia Sheinbaum, al referirse al concierto de Shakira, que se realizó este domingo, recordó aquel proyecto fallido del CEU, y achacó su imposibilidad al gobierno de aquel entonces.

En realidad, la suspensión de la visita de Silvio a la UNAM se debió a Fidel Castro y al rector Jorge Carpizo y estuvo motivada por cuestiones de seguridad, no contra los estudiantes, sino ante posibles provocaciones, en un ambiente político que estaba más que caldeado.

A Carpizo le preocupaba una concentración estudiantil que se podía salir de cauce, sobre todo porque muchos de los participantes ni siquiera pertenecerían a la comunidad universitaria, pero, además, había políticos interesados en sacar tajada del asunto.

De ahí que decidió comunicarse con el comandante Castro. Lo hizo llamando al número telefónico que le proporcionaron y donde una asistente tomó el recado: “El rector de la Universidad Nacional necesita hablar con el comandante”.

Pasaron horas y horas, un par de días, y nada de los cubanos. Carpizo solía contar que, supuso que algún funcionario de la presidencia de Cuba o de sus áreas de educación se comunicaría, pero cuando ya no esperaba que se reportaran a su petición, le sorprendió tener al otro lado de la línea a Fidel Castro, quien dijo que era un admirador del rector y que había leído con detenimiento El Presidencialismo Mexicano; charlaron y charlaron.

Carpizo soltó la petición: “Silvio no puede celebrar un concierto en CU, porque es un riesgo para los jóvenes, para la UNAM y para la propia Rectoría”.

Fidel respondió que vería lo que se podía hacer, y se pudo, se canceló la tocada.

Como colofón, el rector y el comandante forjaron una amistad al estilo de cada uno; el campechano enviaba tamales de tanto en tanto a La Habana y el cubano, puros Lanceros de Coiba y ron a la Ciudad de México.