Si queremos tomar el pulso a la confianza que la población y las empresas tienen respecto de la situación económica, conviene que consideremos la Encuesta Nacional sobre la Confianza del Consumidor (ENCO) y la Encuesta Mensual de Opinión Empresarial (EMOE), ambas del INEGI. Con cifras a enero de 2026, vemos que la confianza del consumidor se ha venido deteriorando desde mediados de 2024 hasta la actualidad, con una progresiva baja del optimismo respecto de la situación económica presente y futura, así como una percepción de precios al alza y empleo a la baja; lo cual afortunadamente aún no se ha reflejado en un deterioro notable en la disposición declarada a hacer compras de bienes durables como muebles, lavadoras, televisores y otros electrodomésticos. Similarmente, las posibilidades actuales para la compra de ropa y zapatos, salir de vacaciones o la disposición a comprar una auto nuevo o usado, prácticamente se han mantenido estables en los niveles que tenían en 2024.
Las cifras más recientes de consumo privado sugieren que los consumidores han podido mantener su capacidad de gasto a partir de un mayor consumo de bienes importados, que se han abaratado sensiblemente gracias a la apreciación del peso en relación con el dólar. Sin embargo, esa resiliencia del consumo no podrá extenderse mucho más si las perspectivas sobre la situación económica continúan deteriorándose. En este sentido, no podemos dejar de ver que un peso fuerte abarata nuestras importaciones, pero encarece nuestras exportaciones, y que la eventual disminución de éstas mermaría la capacidad de gasto de los consumidores en el país, especialmente de aquellas personas cuyos ingresos están atados a la suerte de las empresas exportadoras. Si a esto sumamos la tendencia a la baja en los ingresos por remesas, vemos que es poco factible que se pueda conjurar un deterioro en la tendencia de consumo en los próximos meses.
Por el lado de los productores se observan tendencias menos ambiguas, dado que la confianza empresarial en los sectores de manufacturas, construcción, comercio y servicios continúa con la tendencia descendente que inició desde mediados de 2023. Las empresas se muestran cada vez menos optimistas respecto de la situación económica actual y futura del país, así como de lo adecuado del momento actual para invertir.
También han disminuido su optimismo respecto de la situación futura de las empresas y de su situación presente, con la única excepción del sector comercio, que recientemente ha mejorado su optimismo respecto de la situación presente, lo cual es congruente con lo que observamos por el lado de la disposición de los consumidores a mantener su gasto a pesar del deterioro en las perspectivas económicas generales.
La baja en el optimismo de los productores es consistente con la caída en la inversión privada de 4.9% en el periodo enero-noviembre de 2025 en relación con igual periodo de 2024; lo que debe leerse como un llamado urgente a tomar medidas correctivas reales, más allá de simples promesas de inversión, porque a las palabras se las lleva el viento.
