La venta del Atlas abre polémica por presuntos vínculos con los hijos de López Obrador
La venta del Atlas abre polémica por presuntos vínculos con los hijos de López Obrador

La reciente venta del club Atlas no solo reconfigura el tablero del futbol mexicano, también abre un nuevo frente político-empresarial: la presunta participación de figuras cercanas a la familia del expresidente Andrés Manuel López Obrador en la operación.
De acuerdo con información publicada por el medio La Política Online, la transacción no se limita a un movimiento deportivo, sino que conecta intereses económicos y redes de poder.
El Atlas, uno de los equipos históricos de la Liga MX, fue adquirido por un grupo encabezado por empresarios vinculados a distintos proyectos de infraestructura en México.
Fue José Miguel Bejos, presidente de la constructora Mota-Engil en México y vinculado políticamente a Andy y Gonzalo López Beltrán, quien concretó la adquisición del club Atlas. Su cercanía con ambos personajes ha sido señalada como un factor clave en la expansión de la firma portuguesa dentro de los proyectos de obra pública en el país.
Originario del Estado de México, Bejos consolidó su perfil empresarial durante el gobierno de Enrique Peña Nieto; sin embargo, diversas voces dentro del sector construcción coinciden en que su crecimiento más significativo llegó a partir de su relación con los hijos del presidente Andrés Manuel López Obrador.
No es un dato menor. De acuerdo con Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, el empresario habría obtenido contratos por cerca de mil millones de dólares durante el sexenio pasado. En ese mismo periodo, Mota-Engil se posicionó como una de las compañías con mayor participación en proyectos emblemáticos impulsados por la llamada Cuarta Transformación.
El contexto no es menor. La venta del club ocurre en medio de ajustes estructurales en el futbol mexicano, como la presión para eliminar la multipropiedad de equipos, lo que obligó a grupos empresariales a desprenderse de activos deportivos. Sin embargo, la entrada de nuevos actores no ha pasado desapercibida, sobre todo cuando se entrelazan con figuras del poder político.
El caso revive un viejo debate en México: la relación entre el deporte profesional y los intereses políticos. La irrupción de actores vinculados al círculo cercano del poder federal en una industria altamente mediática como el futbol genera cuestionamientos sobre posibles conflictos de interés y uso de influencia.
Aunque no existe confirmación oficial de participación directa de los hijos del exmandatario en la compra, el señalamiento abre dudas sobre el alcance de las redes políticas en el sector privado. En particular, el nombre de Andrés Manuel López Beltrán resulta relevante por su creciente protagonismo político y su cercanía con estructuras de decisión dentro de Morena.
Más allá del ámbito deportivo, el Atlas representa un activo estratégico. No solo por su valor económico, sino por su capacidad de proyección mediática y social. En un país donde el futbol concentra audiencias masivas, controlar un club implica también influencia simbólica. La operación de compra fue valuada aproximadamente en 240 millones de dólares. Si bien, el futbol mexicano, históricamente ligado a grandes grupos empresariales, podría estar entrando en una nueva etapa donde el poder político también juega —directa o indirectamente— dentro de la cancha.
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