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Colosio en el país de los expedientes eternos

Cuando los elementos del Estado Mayor detuvieron a Mario Aburto, en Lomas Taurinas, Tijuana, es probable que hallan tenido un dejo de amargura, porque tenían al asesino, estaba vivo y podía confesar, pero a la vez su jefe, Luis Donaldo Colosio Murrieta, a quien tenían que custodiar, estaba muerto y por dos balazos que se percutieron de una pistola Taurus.

Esto no se valora en su dimensión, porque quien mató al candidato del PRI a la Presidencia de la República en 1994 está en prisión, confesó lo que hizo y no ha dado en 32 años indicio alguno para pensar algo distinto desde una perspectiva de seriedad ministerial.

Después del paso bochornoso de Pablo Chapa Bezanilla, el fiscal que se asesoró con brujas y videntes, que inventó lo del segundo tirador y metió a Othón Cortés en prisión, a sabiendas de que era inocente, se realizó una investigación puntual sobre el caso, que abarcó las hipótesis más inverosímiles, para no dejar dudas, pero seguimos en lo mismo, aunque la PGR probó que se trató de un asesino solitario.

Hay quienes creen que tiene utilidad la sospecha, pero en realidad eso compromete las posibilidades de cualquier institución de procuración de justicia en el futuro.

Somos un país de expedientes abiertos. Ahí está el caso del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, también esclarecido, pero siempre sujeto a los apetitos de grupos que pretenden sacar tajada, y qué decir de Ayotzinapa, donde se llegó al absurdo, hace unos días, de “descubrir” restos humanos… en una funeraria. Bajo esa lógica, los sepultureros habrían guardado una bolsa con huesos por 14 años.

Pero lo de Colosio Murrieta tiene otros alcances, por lo simbólico, ya que en los hechos se asesinó a quien sería, sin la menor duda, presidente de México.

Quizá ahí sí hay elementos interesantes, para contrastar o imaginar que había una ruta distinta, ya imposible de recorrer después de un magnicidio.

En todo caso, Colosio Murrieta es mucho más que el episodio que marcó la vida política de varias generaciones, es una esperanza truncada y esa potencia sí tiene que ser preservada.

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