Al margen. En Davos resurgió un concepto precursor de la Segunda Guerra Mundial: la política de apaciguamiento, aplicada a las pretensiones de conquista territorial de Hitler. Un debate mundial en el que el México de Cárdenas y la Cancillería de Eduardo Suárez desplegaron creatividad y habilidad. Hoy México aparece en los márgenes de una historia igualmente precursora de una nueva conformación del mundo.
¿Liderazgo anti detente? En cambio, el celebrado discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney, pareció conferirle el liderazgo de la acción frente al improbable apaciguamiento de Trump. Se estaría ahora trazando un paralelismo con la enmienda de Churchill a la fallida detente, acordada por Chamberlain, en diciembre de 1938, en Múnich, que no detuvo el avance de Hitler sobre Europa y condujo en el siguiente septiembre al estallido de la Segunda Guerra Mundial.
De callejón. Carney propuso nada más -pero nada menos- que una serie de líneas de acción ante el caos resultante de la ola destructiva de la orden internacional encabezada por Trump y Putin. Carney despertó la ira de Trump, quien, con su respuesta de pleito de callejón, reafirmó el liderazgo del jefe de gobierno canadiense.
Inerme. Se elogia, con razón, la cabeza fría de la presidenta ante las embestidas de Trump y el caos planetario resultante del abatimiento del orden internacional a manos, entre otros, del presidente de Estados Unidos. Pero el detalle está en la falta de contexto, visión general, reflejos y creatividad discursiva de quienes contribuyen a la elaboración de posiciones y posturas presidenciales, ante cada giro inesperado del desorden mundial. La presidenta aparece conceptualmente desprotegida por una formación de cabezas no frías, sino secas. Se secaron en la rutina provinciana de una cada vez más pobre y empobrecedora narrativa de polarización y persecución del pensamiento libre, la crítica y la oposición.
