Los electores dieron el 54 por ciento de sus votos al oficialismo y 46 por ciento a la oposición. De manera inconstitucional, se le otorgó a la coalición gobernante el 73 por ciento de las curules en la Cámara de Diputados y a la oposición sólo el 27 por ciento. El Congreso es ilegítimo
El elefante que duerme junto a México tiene pesadillas por el narcotráfico y avisó que atacará a los cárteles en sus madrigueras.
Hay que tomarlo en serio y ponerse manos a la obra para evitar un atropello a la soberanía nacional. ¿Qué hacer? Atacar la principal causa que ha puesto a México en grado de vulnerabilidad extrema: la fusión de gobiernos estatales, Morena y el crimen organizado.
La tarea es separar el poder político del poder criminal.
Dice Donald Trump que nuestra presidenta, Claudia Sheinbaum, es una buena persona pero que México está gobernado por el narco.
Exagera, pero eso importa poco. Así nos ve y actuará en consecuencia. El escenario es un llamado a la acción inmediata, si de defender la soberanía se trata.
Hay gobernadores que son deudores, aliados o protectores del narco. Rubén Rocha Moya arrasó en las elecciones con el apoyo armado del Cártel de Sinaloa.
Periodistas (recuerdo a Héctor de Mauleón y a Raymundo Riva Palacio) narraron, paso a paso, el operativo del grupo criminal.
Entrevisté a dirigentes opositores que fueron secuestrados (cerca de 200) la noche anterior a los comicios en Culiacán y Mazatlán, amarrados y con los ojos vendados, recluidos en casas de seguridad, y liberados al término de la jornada electoral.
El entonces presidente, Andrés Manuel López Obrador, agradeció al crimen organizado porque, dijo, “se portó bien” el día de las elecciones.
López Obrador defendió a capos de las mafias trasnacionales, promovió y protegió a gobernadores y funcionarios que generalizaron lo que era excepcional: el amasijo de política y narcotráfico.
Si nuestra presidenta quiere, en verdad, defender a México, debe acabar con la oprobiosa diarquía AMLO-Sheinbaum, que ella presume hasta en la portada de su reciente libro.
No se puede defender a México y a López Obrador al mismo tiempo.
No se puede seguir gobernando con un partido que en distintas regiones del país se fundió con el crimen organizado.
Por el bien de México, la presidenta debe depurar a su equipo y a su partido.
Ahí está la causa del problema. Debe eliminarla. Y en esa tarea contará con el respaldo ciudadano y el reconocimiento de la Historia.