Para la ciencia Artemis II implica nuevas mediciones en el entorno lunar, radiación, navegación en espacio profundo y el comportamiento humano fuera de la órbita baja
Para la ciencia Artemis II implica nuevas mediciones en el entorno lunar, radiación, navegación en espacio profundo y el comportamiento humano fuera de la órbita baja

A las 18:35 horas en Cabo Cañaveral de un claro miércoles 1 de abril, el cielo no estalló de inmediato. Primero fue el silencio. Un silencio denso, casi reverencial, como si el tiempo mismo se detuviera para observar lo que estaba por ocurrir en Florida con la salida en tiempo de Artemis II, la nueva misión para acercar al mundo a la Luna de nuevo.
Luego, la imagen invadía las pantallas en el mundo entero, cuando el cohete más potente jamás construido se elevaban con una lentitud imposible, envuelto en fuego y vapor, mientras la multitud contenía la respiración.
Y entonces, el rugido.
Así comenzó Artemis II, la misión que marca el retorno humano a la órbita lunar después de más de medio siglo desde Programa Apolo. No es sólo un lanzamiento, es una declaración de época.
A bordo viajan cuatro nombres que ya forman parte de la historia y se trata de Reid Wiseman, comandante; Victor Glover, piloto; Christina Koch, especialista de misión y Jeremy Hansen, especialista de misión.
Tres de la NASA y uno de la Agencia Espacial Canadiense. Una tripulación diversa, internacional, que encarna el nuevo modelo de exploración espacial con menos competencia geopolítica frontal y más cooperación estratégica.

El ascenso fue milimétrico. Tras cruzar la línea de Kármán —el umbral simbólico del espacio a 100 kilómetros de altitud—, el cohete Space Launch System continuó su empuje hasta completar una de las secuencias más críticas:
Artemis II no aterrizará en la Luna, pero probará todo lo necesario para que la siguiente misión sí lo haga. Lo que está en juego no es únicamente orbitar la Luna. Es recuperar la capacidad de habitar, de manera sostenida, el espacio profundo.

Desde la NASA, el mensaje ha sido que Artemis II es el puente entre la exploración experimental del siglo XX y la permanencia humana del siglo XXI.
Las implicaciones son profundas, porque para la ciencia implica lograr nuevas mediciones en el entorno lunar, radiación, navegación en espacio profundo y comportamiento humano fuera de la órbita baja.
En cuanto a la Tecnología, la NASA explicó que se busca la validación del sistema Orion-SLS como plataforma para misiones más largas, incluyendo Marte.
En cuestión de Geopolítica, esta misión busca la consolidación de alianzas frente a nuevas potencias espaciales.
Y, finalmente en materia de economía espacial, estaría pretendiendo el impulso a una cadena industrial que va desde materiales hasta telecomunicaciones.
Han pasado más de 50 años desde que la humanidad dejó de viajar a la Luna. Durante décadas, ese satélite fue más un recuerdo que un destino y hoy vuelve a ser horizonte.
Pero hay una diferencia esencial con respecto al pasado, puesto que si el Programa Apolo fue una carrera, Artemis es una estrategia. Donde antes hubo banderas, ahora hay arquitectura orbital. Donde antes hubo hazañas puntuales, ahora se planea permanencia: estaciones lunares, misiones recurrentes, incluso la posibilidad de explotación de recursos.
Artemis II es, en esencia, un ensayo general, ya que de ocurrir todo lo previsto el siguiente paso será Artemis III, lo cual implica el regreso de humanos a la superficie lunar y, con ello, el inicio de una nueva etapa donde la Luna dejará de ser un destino simbólico para convertirse en un punto de apoyo hacia Marte.
El rugido del cohete ya se ha disipado. La estela de fuego es ahora apenas una memoria en el cielo de Florida. Pero lo que permanece es la certeza de que con Artemis II, la humanidad ha vuelto a mirar hacia arriba no sólo con asombro, sino con intención.

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